
«¡Suelta el arma!» ordenas. Ignorándote la amenaza apunta con su pistola y avanza. Deslizas la aleta del seguro para desactivarlo al mismo tiempo que levantas la boca de fuego de tu fusil, buscas el punto rojo de tu visor y presionas el disparador. Nada. Nothing. No hay «¡pam!». No sientes un retroceso satisfactorio. Extrañado te percatas que la amenaza sonríe mientras empieza a correr hacia ti. El espacio existente entre tú y ella va decreciendo rápidamente. ¿Qué haces? Ha lugar para una transición del fusil a la pistola, ¡inmediatamente!
(Este artículo es una traducción de su original en inglés con la autorización de su autor)
1. Con la correa alrededor del cuello puedes utilizar ambas manos para manejar la pistola y aún así puedes retomar el fusil y disparar con la correa al cuello. ©Tiger McKee
Cuando sabemos que un combate está próximo es preferible tener un fusil a mano. Comparado con una pistolas un fusil le da mil patadas, siempre y cuando dispare proyectiles de fusil. Un proyectil de pistola disparado a través de un cañón largo continúa siendo un proyectil de baja velocidad. Un fusil dispone de cargadores de gran capacidad, nos permite batir blancos con precisión desde distancias de contacto hasta cientos de metros y la balística terminal (o de efectos) del proyectil de fusil incrementa la probabilidad de detener a la amenaza. Cuando tu fusil deja de funcionar -y te encuentras a una distancia apta para pistola- la forma más rápida de obtener impactos sobre el blanco es realizar una transición a la pistola (podemos utilizar el término “transicionar” si españolizamos el verbo anglosajón “transition” creando así un anglicismo). Me refiero a aquellas situaciones en las que si no les envías proyectiles, inmediatamente, ¡mueres!. Independientemente del motivo, cuando tu fusil deja de funcionar tu habilidad para realizar una transición (transicionar) a tu arma secundaria se convierte en una habilidad esencial.
2. Con una correa portafusil táctica, de las que pasan alrededor del cuerpo, liberas ambas manos para poder manejar la pistola. Pero no olvides que puede que no dispongas de tiempo. ©Tiger McKee
Las transiciones, como la mayoría de las técnicas, funcionan mejor cuando resultan simples. Las acciones o secuencias de movimientos complicados consumen tiempo de más, suponen un mayor número de oportunidades para que cometas un error y resulta difícil retenerlas en la memoria y aplicarlas bajo tensión. Sin embargo, para estar preparado para afrontar las realidades del combate, necesitarás varias técnicas de transición. Las transiciones con una correa portafusil táctica, de esas que rodean el cuerpo, son bastante sencillas, pero habrá ocasiones en las que no tendrás la oportunidad de colocarte bien la correa. Las transiciones a plena luz del día serán diferentes de las realizadas en entornos de poca luz. Incluso no tienes la garantía que vayas a combatir con tu propio fusil. Por ejemplo, dispongo de una pistola y durante el combate tengo la oportunidad de “hacerme” con un fusil, que probablemente no estará equipado del mismo modo que el mío propio. Debemos adiestrarnos en y practicar una amplia variedad de técnicas para poder estar preparados para afrontar cualquier situación.
3. El tirador utiliza la mano de apoyo para manejar la linterna mientras trinca el fusil entre el brazo y el costado. ©Tiger McKee
Imagina que ahora mismo sólo dispones en tu fusil de una correa de transporte de cuatro euros. La forma más sencilla de realizar una transición (transicionar) del fusil a la pistola consistiría en tirar el fusil y utilizar ambas manos para empuñar la pistola, pero existen varias razones por las que no debemos deshacernos de nuestro fusil. Predecir cuánto durará el combate es imposible, por lo que puede ser que durante el mismo tengas la oportunidad de retomar el fusil y solucionar la interrupción. Durante el combate te mueves continuamente, bien creando distancia, bien buscando una cubierta o bien simplemente intentando resultarle a la amenaza un blanco más difícil de batir. Tira tu fusil y dalo por perdido. Cuando puedas recogerlo ya no estarás cerca de donde lo dejaste caer. Además, siempre existe la posibilidad que tus oponentes recojan tu fusil, solucionen la interrupción y lo utilicen en tu contra. Así que conserva tu fusil contigo y realiza la transición.
4. En el caso de utilizar una correa simplona lo más sencillo es llevarse el fusil al pecho dejando que actúe la gravedad llevando la culata hacia abajo y la boca de fuego hacia arriba. ©Tiger McKee
En el caso de utilizar una correa de transporte la transición más sencilla consiste en utilizar la mano primaria, la mano derecha en el caso de una persona diestra, para llevar la culata del fusil hacia abajo. La mano secundaria, que abraza el guardamanos, tira del fusil y lo sujeta con firmeza contra el centro de tu pecho con el cañón apuntando hacia arriba. En cuanto la mano secundaria tiene controlado el fusil la mano primaria presenta la pistola. Me pego el fusil al cuerpo porque me resulta más fácil controlarlo -mi brazo no tiene que estar extendido intentando mantener el fusil hacia arriba- y me plantea una ventaja en cuanto a retención del arma. La boca de fuego apunta hacia arriba de forma que la mano de apoyo agarre el fusil por encima de la mayor parte del peso del fusil, que es la posición que favorece la gravedad, ya que el mayor peso tiende a ir hacia abajo. Apuntar la boca de fuego hacia abajo implicaría retorcer la mano de apoyo en una posición forzada incomodísima por la que la mayor parte de la masa del fusil quedaría por encima del punto de agarre con la clara tendencia a voltear el fusil para que la boca de fuego apunte hacia arriba, o bien habría que reposicionar la mano de apoyo en el arma, lo que supone añadir un paso más a la secuencia. Recuerda que es mejor la simplicidad.
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