¿Se puede apuntar en un combate con armas de fuego, en una situación de estrés?

Una de las afirmaciones más escuchadas de boca de aquellos que abogan por el tiro dirigido [point shooting] es que «en un combate con armas de fuego no se puede apuntar». Y para argumentar tal afirmación se apoyan en la fisiología, en la anatomía, en la oftalmología, en la óptica y optometría, en la medicina, en la neurociencia, …, no sabemos muy bien dónde encuadrarlo exactamente, digamos en la Ciencia en general.

Cuando alguien nombra la palabra Ciencia, más como excusa que como fuente de conocimiento y experiencia por su parte, puede que sea una pista del caso que hay que hacerle. Sin embargo, puede que no estén equivocados, aunque no por mucho repetir lo que hayan leído en alguna parte ─como hacemos todos, salvo los verdaderos científicos, autores de las investigaciones o datos que repetimos─, van a tener más razón al defender el tiro dirigido [point shooting], porque «en un enfrentamiento armado, o bajo estrés, no se puede apuntar». Sirve de bien poco que te hablen del músculo ciliar, la amígdala, el sistema parasimpático, la adrenalina, y demás, si se escapa a tu entendimiento, aunque pueda ser muy interesante.

Lo que sí importa son los resultados y cuál es la mejor forma de conseguir que sean buenos, es decir, cómo conseguir impactos lo antes posible sobre el blanco, tanto en situaciones de estrés (realidad, o incluso competición), como en situaciones relativamente sin estrés (entrenamiento). Básicamente, la cuestión es cómo y qué entrenar, se pueda o no se pueda «apuntar» bajo estrés. Si no le das a un burro a tres metros en tus entrenamientos, no le vas a dar en la realidad, y lo de «rociar y rezar» no es ningún método. Si entrenando de una forma, consigues mejores resultados después en la realidad, ya lo tienes. Ahí pueden ayudarnos los que entrenando de una forma han conseguido buenos resultados en la realidad.

NOTA: en este artículo se considera tiro dirigido a toda aquella técnica que implique NO utilizar los elementos de puntería, aunque posiblemente no todas constituyan lo que se denomina «point shooting».

Sobre este mismo asunto también puedes leer el artículo¿Realmente puedes utilizar tus elementos de puntería en un combate con armas de fuego? ¿Deberías si puedes?, del Dr. Bill Lewinski, de Force Science Institute.

Antes de buscar una respuesta a la pregunta planteada en el título, quizás lo primero es definir con cierta precisión a qué nos referimos con «apuntar», al afirmar que «bajo estrés no se puede apuntar». Si acudimos a la definición literal del diccionario, apuntar es «señalar con el dedo o de cualquier otra manera hacia sitio u objeto determinado». Por tanto, un arma de fuego siempre se apunta, queriendo o sin querer, consciente o subconscientemente, ya que la boca de fuego siempre señala hacia algún sitio, y da igual que se hable de tiro dirigido [point shooting] o de tiro apuntado [sighted fire]: la boca de fuego de un arma siempre «señala hacia sitio u objeto determinado».

Además, allí donde apunte la boca de fuego irán los disparos, de ahí que la puntería sea uno de los principios básicos del tiro y sea lo que le da sentido a cada disparo. Se dispara para impactar. Y para impactar es imprescindible apuntar. Por lo tanto, siempre hay que apuntar, de una forma u otra. No es que se pueda o no se pueda apuntar, sino que se tiene que apuntar, porque fallar un disparo plantea la posibilidad de poner en peligro a terceros.

En el uso gradual de la fuerza ante una agresión, la Ley (art. 20.5 CP) exige, como es lógico, «que el mal causado no sea mayor que el que se trate de evitar». Afirmar que «en estrés no se puede apuntar» no sirve como excusa para fallar un disparo y ocasionar lesiones, o incluso la muerte, a terceros. Al menos habrá que intentarlo, y eso implica apuntar lo mejor que se pueda para que los impactos vayan donde tienen que ir, sobre la amenaza.

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