Sargento Primero Dillard Johnson, el soldado estadounidense más letal que se sepa, con 2.746 muertes.

Con 2.746 muertes confirmadas, el Sargento Primero Dillard Johnson es el soldado estadounidense más letal que se sepa ─y quizás el más humilde─.

Como comandante de un Vehículo de Combate de Caballería (VAC) Bradley apodado Carnívoro, Johnson, de 48 años, intervino en vanguardia del asalto terrestre durante la Operación Iraqi Freedom, aplastando al enemigo con un implacable despliegue de poderío militar que dejó un reguero de muertos a su paso.

(Traducción NO autorizada del artículo original en inglés: BUISO, Gary. Sgt. 1st Class Dillard Johnson is the deadliest US soldier on record – with 2,746 kills. New York Post [en línea]. 23 de junio de 2013.)

Johnson fue obligado a informar de las muertes confirmadas a sus superiores, registrando los muertos en un diario verde que revelaba la asombrosa cuenta ─que únicamente empezó a ver la luz cuando él y el coautor James Tarr estaban investigando sus proezas para sus memorias, también tituladas Carnívoro─.

Puede que haya existido un soldado más letal en una guerra anterior pero desde que se conservan registros detallados al respecto Johnson encabeza la lista.

Se trata de un título que es reacio a aceptar. 

«Resulta triste decirlo pero no son más que otra marca de lápiz», le dijo Johnson a The Post, refiriéndose a las anotaciones en su diario. «No pensaba en los números… No se trata de algo de lo que yo alardearía».

Johnson creció en Island, Kentucky (EE.UU.), pasando el rato en minas a cielo abierto y cazando venados con el fusil de su padre. Su primera muerte la consiguió a la temprana edad de 13 años, cuando abatió un venado con un fusil calibre .22.

Durante el Instituto se alistó en el Cuerpo de Formación de Oficiales en la Reserva [Reserve Officers’ Training Corps (ROTC)] y en 1986 se unió al Ejército de Tierra estadounidense, cumpliendo así un sueño de la infancia salido de las páginas de los cómics.

«Cuando era pequeño todo el mundo quería ser astronauta, cowboy o bombero. Yo quería ser como el Sgto. Rock», decía refiriéndose al valiente héroe de la Segunda Guerra Mundial de DC Comics.

En Iraq se unió a la Compañía Charlie del Tercer Escuadrón del Séptimo de Caballería pasándose así a la caza más mayor ─en marzo de 2003 liquidó un montón de iraquíes con seis proyectiles de alto explosivo en la batalla de As Samawah, sus primeros Muertos En Combate [Kill In Action (KIA)]─.

Contaba los muertos por el cómputo de fusiles ─y cabezas humanas─– entre los restos aplastados o carbonizados que Carnívoro dejaba a su paso.

En su segundo despliegue [tour], en 2005, se dedicó al sniping, una habilidad que adquirió cazando en Kentucky, anotándose 121 muertos, con su disparo más largo a 750 metros [821 yardas]. Su cómputo global es segundo sólo después del difunto Chris Kyle, el Navy SEAL que acumulaba 160 muertes.

«Ya tenía la destreza para poder disparar debido al hecho por el que había crecido con un fusil que no estaba hecho para mi», decía, recordando su temprano uso de un arma preparada para su padre.

Después de dos despliegues [tour] en la segunda Guerra de Iraq se llevó a casa 37 medallas, entre las que se incluye una Estrella de Plata [Silver Star] y cuatro Corazones Púrpura [Purple Heart]. Les concede todo el mérito a sus hombres ─distintivo «Caballo Loco» [Crazy Horse], cuyo linaje se remonta a los tiempos del General George Caster─. «No existe una hermandad semejante», decía.

Su pasado nunca le atormenta.

«Mataba cuando era necesario… Era despiadado cuando tenía que serlo pero también era compasivo cuando tenía que serlo», decía. «Que yo recuerde nunca maté a nadie que no intentara matarme o hacerme daño».

Lleva una bala permanentemente alojada en su pierna y el campo de batalla le dejó con un nuevo enemigo al que combatir ─linfoma de Hodgkin en estadio III─. Cree que desarrolló el cáncer por inhalar partículas procedentes de proyectiles perforantes de uranio empobrecido ─el cual se vuelve radioactivo cuando se calienta por un disparo─, pero no se lamenta.

«No me importa que el uranio empobrecido me provocara cáncer. Si no hubiera tenido proyectiles de uranio empobrecido no habría podido destruir carros de combate que me habrían matado a mi», decía.

El cáncer estaba remitiendo, pero resurgió en enero de 2013. Recibió quimioterapia a finales del verano de 2013.

A 26 de junio de 2013, Johnson vive en Daytona Beach, Florida (EE.UU.), está casado, tiene cuatro hijos y trabaja en una fábrica de munición. No exhibe sus trofeos o recuerdos de guerra ─ni siquiera la bandera de Iraq que le quitó a la limusina de Saddam Hussein─.

Y ha dejado la caza para dedicarse al surf con su hijo de 13 años.

En sus memorias, que están a la venta desde el 24 de junio de 2013, cita a Hemingway:

Aquellos que han cazado hombres armados durante bastante tiempo y han disfrutado, no vuelve a importarles nada más.


Semejante cómputo macabro (2.746 muertes), que de por si resulta un dato espeluznante, resulta digno de admiración desde el punto de vista de un guerrero. Al fin y al cabo, en la guerra al enemigo se le suele dar muerte. Desde luego, cuanto menos resulta curiosa esta historia. Quizás las memorias de este hombre resulten un libro interesante que entre en la lista de lecturas pendientes.

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