Nuevo estudio del Force Science Institute (FSI) [Instituto Ciencia de la Fuerza]: La memoria es peor respecto al momento más crítico del enfrentamiento armado de un policía [Officer Involved Shooting (OIS)].

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Ante cualquier incidente, sea del tipo que sea, para conocer los detalles de lo sucedido y llegar a comprender todos los factores implicados, se suele acudir a los testigos, directos u oculares, para recabar su versión de los hechos. Dicha versión y la información vertida en ella van a depender de lo que recuerden esas personas (testigos) que han participado directamente o han presenciado el incidente. Pues bien, parece ser (cosa que no resulta ningún secreto ni nada nuevo) que tales versiones han de considerarse con cautela dado que no siempre serán de fiar y pueden incluir datos poco o nada precisos y carecer de algunos detalles de vital importancia para esclarecer los hechos, aunque los testigos ni siquiera sean conscientes de ello. Pero es que además estas circunstancias se agravan especialmente en el caso de incidentes con una gran carga de estrés, como puede ser un enfrentamiento armado.

(Artículo publicado en el número de DIC15 de la revista gratuita Tactical Online)

Esto quiere decir que durante la investigación de un enfrentamiento armado no siempre las versiones de los testigos, ni siquiera los directamente implicados, se ajustarán plenamente a la realidad. Posiblemente no recuerden todos los detalles y/o aquellos que recuerden no se ajusten con precisión a la realidad, por lo que si es posible se hace necesario contrastar a través de otros medios la información aportada por los testigos.

Entre los detalles de vital importancia que pudieran tergiversarse en las versiones de los testigos se encuentran aquellos relativos al arma portada por el agresor durante un enfrentamiento armado, lo cual podría ser determinante para el esclarecimiento de los hechos y la depuración de responsabilidades.

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Asimismo, hay acciones que fruto del estrés se realizan sin tener plena consciencia de que se han realizado, por lo que difícilmente van a recordarse, menos aún con todo lujo de detalles. De esta forma, preguntas tales como el número de disparos realizados o si se han utilizado los elementos de puntería van a tener difícil respuesta o ésta no se ajustará a la realidad. Precisamente el mismo estrés que parece justificar el hecho de que en un enfrentamiento armado no se pueda apuntar va a justificar el hecho de que no se pueda recordar con exactitud si se han llegado a utilizar los elementos de puntería (sobre esta cuestión no dejes de leer los artículos ¿se puede apuntar en un combate con armas de fuego? y ¿realmente puedes utilizar tus elementos de puntería en un combate con armas de fuego?).

Ahora, gracias a un nuevo estudio del Force Science Institute (FSI) [Instituto Ciencia de la Fuerza] se demuestra que la memoria es peor respecto al momento más crítico del enfrentamiento armado de un policía [Officer Involved Shooting (OIS)], sobre lo cual se publica un artículo en el número 290, con fecha 25AGO15, del boletín Force Science News [Noticias Ciencia de la Fuerza], que publica bimensualmente el Force Science Institute que preside el Dr. Bill Lewinski. A continuación se reproduce la traducción al español de dicho artículo.

La traducción y publicación de este artículo cuenta con la autorización de Scott Buhrmaster, vicepresidente del Force Science Institute [Instituto Ciencia de la Fuerza].

Un nuevo e importante estudio sobre el rendimiento humano bajo estrés, promovido por el Force Science Institute (FSI), revela una gran ironía.

Concretamente, que en el momento más crítico de un enfrentamiento armado (posiblemente el momento más importante que un policía ha de ser capaz de describir con mayor precisión) resulta bastante probable que la memoria del policía respecto a algunos detalles fundamentales sobre lo sucedido sea la menos fiable.

En particular, este estudio, el primero de este tipo, recoge que aquellos policías que se ven implicados directamente en un enfrentamiento armado suelen tener dificultades para responder con exactitud preguntas relativas al arma del agresor, tales como si pudo ver un arma en las manos del agresor, cómo sacó el arma el agresor, o incluso si el agresor llegó a disparar durante el enfrentamiento.

La prestigiosa revista Law and Human Behaviour [Derecho y Comportamiento Humano] de la American Psychological Association (APA) [Asociación Americana de Psicología] va a publicar un informe contrastado sobre este estudio. Con ésta serán ya once las revistas científicas reconocidas que hayan publicado algún estudio del Force Science Institute (FSI) relacionado con el trabajo policial.

La investigación fue llevada a cabo por un equipo internacional de profesionales entre los que se encuentra el Dr. Bill Lewinski, director ejecutivo del FSI. La Dra. Lorraine Hope, profesora de psicología cognitiva aplicada en la Universidad de Portsmouth (Inglaterra), es la autora principal de las conclusiones de esta investigación. (La Dra. Hope lideró hace varios años otro emblemático estudio del FSI en el que se puso a prueba la funcionalidad y la memoria de policías que fueron sometidos a ejercicio físico que llegaba hasta el punto del agotamiento. Haz clic aquí para mayor información).

REPARTO DE TAREAS. En el presente estudio participaron como sujetos de prueba un total de 64 policías de una zona urbana de Canadá, con edades comprendidas entre los 22 y los 59 años y una experiencia profesional que iba desde los más novatos, recién incorporados, hasta los más veteranos, a punto de retirarse. Se les separó aleatoriamente en dos grupos, Policías Activos (“operativos”) y Policías Observadores, y se formaron binomios con un policía de cada grupo. Todos los participantes fueron pasando de binomio en binomio por un escenario que recreaba una situación violenta que les inducía estrés.

A medida que se desarrollaba el escenario, el Policía Activo, equipado con un arma de entrenamiento cargada con munición de fogueo, tenía que responder como si todo fuera real y estuviera de servicio, mientras el Policía Observador se limitaba a observar lo que sucedía sin hacer nada. Entre otras cosas, los investigadores pretendían comprobar qué diferencias había, si es que se daba el caso, entre las versiones de los hechos aportadas posteriormente por cada miembro del binomio.

El procedimiento del experimento, que comprendía varias fases, se prolongó a lo largo de casi una semana hasta finalizar la evaluación de todos los binomios.

Primero cada binomio tenía que ver un “vídeo de ambientación” de dos minutos que se suponía que había sido grabado con un móvil en una clase de la universidad. Durante una clase un alumno descontento entra en el aula y se pone a discutir con el profesor por las malas notas. El sujeto se pone muy nervioso, saca un cuchillo del bolsillo y toma como rehenes al profesor y a otro alumno, a los que amenaza con el cuchillo, mientras los demás escapan.

Después de eso, dentro del “aula”, cada binomio de policías “desplazados” al lugar, se enfrenta al “escenario experimental“, que dura cuatro minutos aproximadamente. En posiciones preestablecidas de pie uno al lado del otro, en un primer momento los policías pueden ver cómo el individuo ya fuera del aula amenaza al profesor y al alumno que toma como rehenes en las imágenes “en directo” del incidente “en curso” obtenidas por una cámara de videovigilancia ubicada en el pasillo, fuera del aula. Tras unos segundos, el individuo irrumpe en el aula donde se encuentran ambos policías, utilizando a uno de los rehenes como escudo mientras le amenaza con un cuchillo en el cuello.

Después de realizar varias demandas, libera al rehén, tira el cuchillo al suelo y vuelve al pasillo. Una vez allí, en las imágenes de la cámara de videovigilancia, se puede ver cómo “se mete una pistola en la cintura de los pantalones”.

En una “última interacción en vivo”, relata Hope, el individuo vuelve a entrar en el aula “en un evidente estado de excitación e intenta provocar a los policías para que le disparen”. En un momento dado en el que el individuo se encuentra de espaldas a los policías éste se gira hacia ellos al tiempo que se lleva las manos hacia la cintura y de repente rápidamente adopta con los manos una posición de tiro en dirección a los policías. Sin embargo, el individuo en ningún momento echa mano de la pistola, que permanece en la cintura. Inmediatamente después el individuo se esconde las manos debajo del cuerpo al caer al suelo tras ser abatido.

El escenario termina una vez que el Policía Activo responde a este movimiento.

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FACTORES PELIAGUDOS. Este escenario, explica Hope, se diseñó en base a “múltiples conversaciones con instructores de tiro y de táctica policial” para que fuera lo suficientemente realista y estimulante como para generar “una respuesta natural ante el estrés fisiológico inducido” y lo suficientemente complejo como para que “a los sujetos se les pudiera preguntar en detalle por lo sucedido”.

Los pulsómetros dejaron buena constancia de que el escenario logró inducir un elevado estrés. Durante el escenario, dijo Lewinski a Force Science News, se duplicó la frecuencia cardiaca máxima media de los Policías Observadores y el pulso de los Policías Activos se disparó “considerablemente más” aún.

Una “muestra aún más fiable del estrés inducido”, explica, fue el hecho de que la elevada frecuencia cardíaca de los policías se mantuvo durante el tiempo, lo cual indica la fuerte influencia de las sustancias químicas generadas por el estrés. Una vez más, este factor resultó significativamente más pronunciado en el caso de los Policías Activos, que tenían que hacer frente personalmente a la situación, respecto a los meros Observadores.

PRUEBAS DE MEMORIA. Durante aproximadamente 45 minutos después de terminar el escenario se mantuvo a los dos policías separados para evitar que hablaran entre ellos del incidente. Posteriormente, sin que existiera limitación de tiempo, se les sometió de forma independiente a una prueba de memoria de dos partes.

1) En un ejercicio de “memoria libre” (en cierto modo similar a una entrevista cognitiva) se les solicitó que escribieran “tanta información como pudieran recordar” sobre el vídeo de ambientación inicial y el escenario principal, de forma que sus versiones fueran “lo más detalladas y precisas que fuera posible ” sin suponer nada.

2) A continuación, se les pidió que respondieran una larga lista de 94 “preguntas cerradas” formuladas con el estilo y contenido “que suelen utilizar los investigadores” de un incidente como puede ser un enfrentamiento armado de un policía. Algunas de esas preguntas se referían a una “evaluación subjetiva” del individuo, como cuál era su actitud. Pero la mayoría de las preguntas solicitaban datos objetivos sobre el vídeo de ambientación y el escenario en vivo que pudieran contrastarse con las grabaciones digitales de lo sucedido en el escenario.

Se consideraron de suma importancia un subconjunto de 14 preguntas cerradas. Dice Hope: estas preguntas “fueron calificadas por los asesores jurídicos e instructores de táctica policial como fundamentales … para que el policía pueda comprender las últimas etapas del escenario y justificar cualquier motivo para abrir fuego”.

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Estas preguntas clave se centraban concretamente en determinar qué recordaban los Policías Activos y los Observadores sobre la acción del agresor, la posición del arma y ​​la respuesta del policía.

Los sujetos tardaron en torno a dos horas de media en completar la prueba de memoria, indica Hope. Los resultados se evaluaron cuidadosamente para cuantificar la cantidad y precisión de la información aportada por cada sujeto.

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AUMENTO DE LAS DISCREPANCIAS. “Nuestros descubrimientos acreditaron una gran progresión en el deterioro de los recuerdos sobre lo sucedido”, dice Lewinski, “especialmente en los Policías Activos”.

A la hora de recordar libremente detalles sobre el vídeo de ambientación, los investigadores descubrieron que de media no había una diferencia significativa entre la cantidad o precisión de los datos que recordaban los Policías Activos y los Observadores.

Sin embargo, aparecieron diferencias importantes a la hora de recordar libremetne detalles sobre la acción a medida que los policías se veían implicados directamente y en vivo en el escenario experimental que va creciendo en intensidad. Aunque la precisión de los datos que recordaban resultó prácticamente la misma para ambos tipos de sujetos, los Policías Activos aportaron una cantidad de detalles correctos considerablemente menor que la aportaba por los Policías Observadores, explica Hope. En otras palabras, la capacidad de los Policías Activos para describir lo sucedido se volvía más limitada.

En cuanto al “subconjunto fundamental” de preguntas cerradas, en particular los detalles relativos al arma del agresor, la disparidad entre los dos grupos de policías se hizo definitivamente evidente. En general, lo recordado por ambos grupos se vio degradado, pero los Policías Activos aportaron muchas menos respuestas correctas y bastantes más respuestas incorrectas que los Observadores en cuanto al arma “en los momentos finales de su intervención”, un aspecto particularmente “vulnerable” de la memoria, explica Hope.

De media el Policía Activo se quedaba muy atrás respecto a su compañero Observador a la hora de responder con precisión preguntas tales como:

• ¿Qué sucedió cuando el individuo se giró hacia ti?

• ¿En ese momento tenía un arma en la mano?

• En caso afirmativo, describa cómo sacó el arma.

• ¿El individuo disparó un arma durante el incidente?

• ¿Cuál era la posición del arma del individuo cuando recibió el/los disparo/s del policía? (El 85% de los Policías Activos dispararon con el arma durante el escenario)

• ¿Dónde se encontraba el arma [del individuo] al final del escenario?

A partir de los números obtenidos por los investigadores surgió un descubrimiento particularmente sorprendente. A pesar de girarse y mover las manos de forma provocadora, el individuo mantuvo en todo momento el arma metida en la cintura. Sin embargo, Hope apunta que aproximadamente el 20 por ciento de los sujetos (Policías Activos y Observadores por igual) “indicaron explícitamente” que el individuo “apuntó con un arma hacia ellos/en su dirección en la parte final” del escenario.

La Dra. destaca que todos los policías que declararon haber visto cómo el arma apuntaba hacia ellos “mostraron su sorpresa cuando se les dijo que eso no sucedió así” en ningún momento del escenario.

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INTERPRETACIÓN. Se requiere investigar más para llegar a explicar totalmente el fenómeno por el que se ve un arma que realmente no estaba allí, dice Hope. No obstante, parece probable que esto tenga mucho que ver con una observación “impulsada por la expectativa” del movimiento del individuo en un enfrentamiento violento. O, si se considera la posibilidad de una versión cínica, puede que bajo presión los policías afirmaran haber visto un arma apuntándoles para justificar su propio uso de la fuerza letal contra el individuo.

“La mentira deliberada… queda fuera del alcance” del estudio, escribe Hope. Pero los resultados del estudio desvelan otras importantes realidades menos controvertidas sobre lo que “verdaderamente” se recuerda tras un escenario de este tipo, que han de ser tenidas en cuenta por parte de aquellos que participen en la investigación de un enfrentamiento armado con un policía implicado y otros incidentes de alta intensidad, dice Lewinski.

“El hecho de que tanto los Policías Activos como los Observadores, a pesar de haber permanecido de pie uno al lado del otro en posiciones preestablecidas mientras se les exponía al mismo escenario violento, recordaran  algunos aspectos del escenario de forma completamente diferente, nos dice mucho acerca de las singulares presiones a las que se ven sometidos aquellos policías que se ven obligados a intervenir en condiciones de alto estrés, respecto a otros testigos oculares”, dice Lewinski.

Las deficiencias de la memoria de los Policías Activos en cuanto a los detalles sobre el arma durante el momento más crítico del escenario se pueden atribuir a un par de factores relacionados, sugieren los investigadores.

• Los Policías Activos mostraron niveles más altos de estrés a lo largo de todo el escenario e indudablemente ese estrés alcanzaba su máximo nivel cuando el grado de amenaza parecía más alto. La bibliografía científica confirma claramente que cuanto mayor resulte el estrés mayor será la probabilidad de que existan deficiencias en la memoria.

• Al mismo tiempo, la carga cognitiva adicional requerida por parte de los Policías Activos para atender sus responsabilidades tácticas y de toma de decisiones bajo presión también habría sido máxima en esa parte final del escenario en la que la situación se intensifica rápidamente. Esta combinación de factores puede haber afectado a la capacidad de esos policías para detectar y procesar los detalles sobre el individuo y el arma.

• Tras un enfrentamiento armado real, en el que obviamente hay mucho más en juego que en un escenario experimental, “resulta razonable que los policías también puedan experimentar estrés en el momento de redactar las diligencias”, escribe Hope, lo cual podría agravar la situación.

En resumen, afirma Lewinski: “este estudio aporta nuevas evidencias por las que pretender que un policía, que sea vea implicado personalmente en un enfrentamiento en el que su vida corra peligro, resuelva la situación, capte todos los detalles de lo sucedido y posteriormente los relate con total precisión, puede suponer pretender demasiado de un ser humano normal”.

“Los investigadores han de tener presente que el hecho por el que un policía pueda pasar por alto o tergiversar cierta información sobre un incidente que posteriormente resulte importante no quiere decir necesariamente que esté mintiendo o tratando de dar una versión de los hechos a su favor”.

Según palabras del propio estudio: en lo que respecta a los procedimientos y políticas de investigación de incidentes, es importante que en el trato con los testigos directos (Policías Activos) “se tenga muy presente la maleabilidad de la memoria y se aprecie la necesidad de aplicar con ética y cautela prácticas de estimulación de la memoria…”.

“Es fundamental que los profesionales del ámbito jurídico, tanto abogados y fiscales como jueces y magistrados, sean conscientes de la posibilidad de que se produzcan de forma natural errores, lapsos e inconsistencias entre lo que recuerdan todos los testigos, especialmente respecto a los testigos directos, tales como los policías implicados en un enfrentamiento armado…”.

A lo largo de varias páginas de este estudio, dicho sea de paso, los investigadores aportan una valiosa recopilación de los descubrimientos sobre la memoria realizados por otros científicos en los últimos años que ayudan a explicar por qué resulta “difícil de predecir lo que se recuerda sobre incidentes de estrés”.

En el momento de redactar este artículo todavía no se había concretado la fecha en la que se publicaría el estudio en la revista Law and Human Behaviour, de lo cual dará cuenta el FSI cuando esté disponible en su totalidad.

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