Semántica lingüística y el lenguaje de un profesional.

La semántica lingüística consiste en el estudio del significado de las palabras del lenguaje y juega un importante papel a la hora de hablar con corrección, ya que contribuye a evitar que se utilicen términos cuyo significado no se corresponde con el pretendido. En mi opinión, todo profesional debe ser consciente de la semántica lingüística, es decir, del auténtico significado de las palabras que utiliza, ya que en cualquier ámbito profesional resulta decisivo hablar con la debida propiedad y corrección. Utilizar las palabras más correctas supone ganar credibilidad y prestigio a primera vista en cualquier ámbito profesional, independientemente de los mayores o menores conocimientos profesionales. Por ejemplo, utilizar el término “gatillo” (gato pequeño) en lugar de “disparador” o el término “porra” (para mojar en el chocolate) en lugar de “defensa” restan credibilidad y prestigio a cualquier profesional, aunque con uno u otro término todos sabrán a qué se refiere.

Chaleco antibalas, o, mejor, chaleco blindado.

Chaleco antibalas, o, mejor, chaleco blindado.

Habitualmente en nuestra vida cotidiana profesional nos encontramos con diferentes términos que utilizamos alegremente sin ser plenamente conscientes de su auténtico significado, llegando incluso a utilizarlos incorrectamente por desconocimiento. No obstante, esto no suele dificultar la comprensión entre nosotros, ya que en un mismo ámbito profesional todos estamos acostumbrados a escuchar unos mismos términos que automáticamente relacionamos con el significado que se pretende que tengan, sin detenernos a pensar demasiado en la corrección semántica de dichos términos. De esta forma, hay términos que por asociación habitual, por tradición o por costumbre se han venido utilizando desde antaño para referirse a un determinado concepto pero que en un momento dado, posiblemente por haberse analizado su auténtico significado y detectado cierta incorrección, han sido descartados y sustituidos por un nuevo término, como puede ser el caso de los términos porra/defensa y gatillo/disparador.

Gatillo, o, mejor, disparador.

Gatillo, o, mejor, disparador.

Se me ocurren algunos ejemplos de términos utilizados habitualmente que podrían considerarse sino incorrectos no totalmente correctos. Tal es el caso de aquellos adjetivos que se forman con el prefijo “anti-“ y que se utilizan para atribuirle a un determinado objeto una finalidad: casco antidisturbios, casco que se utiliza en disturbios; chaleco antibalas, chaleco que se utiliza para parar las balas; munición antirrebote, munición que se utiliza para evitar los rebotes; guantes anticorte, guantes que se utilizan para evitar cortes; fundas pistoleras antihurto, fundas que se utilizan para evitar los robos. Si se analizan detenidamente todos estos términos se puede apreciar fácilmente el grado de incorrección que suponen.

Casco antidisturbios, o, mejor, casco para control de masas.

Casco antidisturbios, o, mejor, casco para control de masas.

El prefijo “anti-“ significa “opuesto, contrario o con propiedades contrarias”. Por tanto, el término antidisturbios se podría definir como para combatir los disturbios o contra los disturbios y de esta forma un casco antidisturbios sería un casco para combatir los disturbios o contra los disturbios, que no es el caso. Nos referimos en realidad a un casco de protección especialmente diseñado para su uso en situaciones de control de masas (así se denominan actualmente lo que antes eran simplemente disturbios), lo que parece indicar que más correcto sería denominarlo “casco para control de masas”, similar al término anglosajón “riot control helmet” (no “antiriot helmet”).

Porra extensible, o, mejor, defensa extensible.

Porra extensible, o, mejor, defensa extensible.

Del mismo modo, en virtud del significado del prefijo “anti-“, el término antibalas se podría definir como para combatir las balas o contra las balas y de esta forma un chaleco antibalas sería un chaleco para combatir las balas o contra las balas, aunque al término antibalas se le atribuye también el significado de proteger de las balas. Pero en realidad por chaleco antibalas nos referimos simplemente a un chaleco que protege al usuario de los efectos de las balas, es decir, un “chaleco blindado”, lo que los anglosajones llaman “armored vest” (no “antibullet vest”), o también “blindaje personal”, del inglés “body armor”. Otro término coloquial por el que se conoce al chaleco blindado es el de “chaleco a prueba de balas”, derivado del término anglosajón “bullet proof jacket”. Además, ¿por qué un chaleco es antibalas y un vehículo es blindado, no antibalas?

En cuanto al término antirrebote, por la misma regla de tres, éste se podría definir como para combatir los rebotes o contra los rebotes y así munición antirrebote sería aquella para combatir los rebotes o contra los rebotes. En realidad, al hablar de munición antirrebote nos referimos a aquella munición cuyo proyectil, en lugar de rebotar, se desintegra tras impactar contra una superficie dura. Esta munición se denomina “munición frangible”, del término anglosajón “frangible”.

Por lo mismo, anticorte se podría definir como para combatir los cortes o contra los cortes y así los guantes anticorte serían aquellos guantes para combatir los cortes o contra los cortes. Pero en realidad se trata de unos guantes resistentes a los cortes y así se denominan, tal y como el término anglosajón es “cut resistant gloves” (no “anticut gloves”).

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Funda antihurto nivel III, o, mejor, funda con sistema de retención de nivel III.

Funda antihurto nivel III, o, mejor, funda con sistema de retención de nivel III.

En el caso de las fundas pistoleras antihurto, a la vista de la definición de hurto (“tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad de su dueño, sin intimidación en las personas ni fuerza en las cosas”), se podría interpretar que estas fundas tienen por finalidad evitar que se pueda “hurtar” el arma que contienen. Sin embargo, estas fundas realmente tienen por finalidad dificultar que al portador del arma se la puedan arrebatar, por lo que se las suele denominar “fundas con sistema de retención de nivel I, II, III o IV”, del inglés “level I, II, III or IV retention system holster”.

Otra cuestión que merece que se le preste atención es la denominación que reciben las “armas no letales”. Existe cierta controversia en cuanto al hecho de ligar la palabra “arma” con la característica “no letal”. Sin embargo, un arma, tal y como así lo define la RAE, es un “instrumento, medio o máquina destinados a atacar o a defenderse”, lo cual no constituye per se que sea letal. Asimismo, algo letal es aquello “que ocasiona o puede ocasionar la muerte”, de lo que se deduce que no letal es aquello “que no ocasiona o no puede ocasionar la muerte”. Entonces “arma no letal” vendría a definirse como “aquel instrumento, medio o máquina destinado a atacar o a defenderse que NO ocasiona o NO puede ocasionar la muerte”, lo cual tiene mucho sentido, ya que el principal objetivo de las “armas no letales” consiste en lograr el sometimiento del blanco a la voluntad del tirador minimizando los daños ocasionados sobre el mismo.

Arma no letal.

Arma no letal.

Existe cierta tendencia a utilizar los términos “armas menos letales” o “armas de letalidad reducida” por considerarse más acertados, pero no parece del todo correcto afirmar que estas armas sean menos letales que las letales ni que la tasa de muertes sea menor que la de las letales, cuando precisamente se trata de armas específicamente diseñadas para ocasionar los menores daños posibles y, por tanto, diseñadas para no ocasionar la muerte, es decir, para ser no letales.

Por otra parte, si tomamos como referencia el panorama internacional, el término más extendido es el de “armas no letales” (non-lethal weapons) y el menos utilizado el de “armas de letalidad reducida” (low-lethality weapons).

En algunas ocasiones también se pueden apreciar ciertas incorrecciones cuando a partir de la terminología anglosajona para un determinado concepto se realiza una vaga traducción literal al español del mismo. Tal es el caso de “low-light conditions” que algunos traducen como “condiciones de baja luminosidad” cuando en realidad se trata de “condiciones de poca luz”. Si se refiriera a luminosidad se hablaría de “low luminosity conditions” pero no lo han hecho así porque la definición no se corresponde con lo que se pretende decir. Tanto en inglés como en español luminosidad (luminosity) significa “cualidad de luminoso”, siendo luminoso aquello “que despide luz”, que no es lo mismo que poca luz.

Otro caso en el que se realiza una traducción poco acertada de un término anglosajón (“clear malfunctions” o “malfunctions clearance”) consiste en hablar de “clarificación de interrupciones” (de clarificar) cuando se debiera decir “resolución o solución de interrupciones” (de resolver o solucionar). Posiblemente la confusión surja por el hecho que entre los significados de “clear” está el de ”claro”, de lo que alguien habrá podido deducir el verbo “clarificar”. Sin embargo, “clarificar” en inglés se dice “clarify”, que tanto en inglés como en español tienen el mismo significado, esto es: “iluminar, alumbrar; aclarar algo, quitarle los impedimentos que lo ofuscan; poner claro, limpio, y purgar de heces lo que estaba denso, turbio o espeso, especialmente un licor o el azúcar para hacer almíbar”. A la vista está que este significado no se corresponde con el pretendido al hablar de interrupciones y constituye un error hablar de “clarificación interrupciones”.

No quisiera terminar este artículo sin hacer referencia al término anglosajón “rifle”, que la lengua española ha asumido como un anglicismo ejemplar y que la RAE define como “fusil rayado de procedencia norteamericana”. Resulta habitual comprobar cómo el término “rifle” es empleado de forma generalizada, incluso en artículos profesionales, para referirse a algunas armas largas (escopetas aparte). En mi opinión, no es coherente que se hable de “fusil” para unas armas y de “rifles” para otras, cuando realmente se trata de lo mismo. Existen fusiles de asalto, fusiles de cerrojo, fusiles de precisión (sniper), fusiles de repetición, fusiles semiautomáticos, fusiles para caza mayor, …, sin que sea necesario denominar “rifle” a ningún arma larga. De hecho, la definición que la lengua inglesa da al término “rifle” se corresponde con “arma de fuego de cañón largo cuyo interior dispone de estrías en espiral que le imprimen al proyectil un movimiento rotativo que permite una mayor precisión a gran distanca”, es decir, todo arma larga de cañón estriado (en inglés estriado se dice “rifling”) o fusil.

En conclusión, si como profesionales pretendemos hablar con la debida propiedad y corrección quizás debamos emplear únicamente términos estrictos, tales como disparador, defensa, casco para control de masas, chaleco blindado, munición frangible, guantes resistentes a los cortes, fundas con sistemas de retención, armas no letales, condiciones de poca luz, resolución de interrupciones, fusiles, …; y escapar de términos de dudosa corrección más propios de foráneos de este ámbito profesional, tales como gatillo, porra, casco antidisturbios, chaleco antibalas, munición antirrebote, guantes anticorte, fundas anti-hurto, armas menos letales o de letalidad reducida, condiciones de baja luminosidad, clarificación de interrupciones, rifles, …

(Este artículo fue publicado en el número de Noviembre 2011 de la revista Tactical Online)
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Acerca de Jorge Tierno Rey

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12 respuestas a Semántica lingüística y el lenguaje de un profesional.

  1. Digamos que no es que no esté bien empleado, porque algunas son palabras que existen hasta en el diccionario, como antirrobo, pero no me parece muy técnico ni profesional el término antibalas o antirrebote, por ejemplo.

    Con lo de antibalas resulta curioso lo popular del término chaleco antibalas pero que se hable de vehículo blindado y no de vehículo antibalas.

    En el diccionario de la RAE se habla de anti-

    Del gr. ἀντι- anti-.

    1. pref. Significa ‘opuesto’ o ‘con propiedades contrarias’. Anticristo, antipútrido.

  2. A12 dijo:

    Muy buen artículo, como casi todos los publicados en este blog. Pero me surge una duda, ¿porqué no está bien usado en prefijo “anti-” en los ejemplos que ha puesto ( antibalas, antirebotes, etc)? Es cierto que el prefijo “anti” significa “opuesto o contrario”, pero también significa “que protege, previene o lucha contra algo”, por lo que entiendo que sí estaría bien empleado.

    Enhorabuena por el magnífico blog

  3. pechuga dijo:

    No me gusto La paginaaa

  4. Pues creo que tienes razón. Triste pero cierto.
    Lo peor de todo es comprobar cómo algunos se dejan engañar tan fácilmente y optan porque un “falso profeta” realice una campaña de “venta de motos”.
    También hay alguno que va de “guai” y no llega a “chachi”, que se cree que es un maestro y no llega ni a falso profeta. Por no hablar de los que creen haber descubierto la pólvora con algo que pudo haberse comprobado hace ya mucho tiempo que no era válido.
    Yo me pregunto si realmente la gente se cree tan lista o cree que los demás son tan tontos como para llegar a pensar que pudieran llegar a ser los primeros en descubrir la pólvora, ¿no se dan cuenta que hay muchos grandes maestros? ¿cómo se puede predicar sin conocer primero lo que predican los grandes maestros?

  5. Jesús dijo:

    Un artículo muy interesante y que creo que ya tenías publicado o, al menos, logré encontrar en internet.
    Pienso que a un sector de personas que se dedican a “instruir” les interesa mucho el modificar, cambiar o definir técnicas ya conocidas por todos o casi todos con otras denominaciones de forma que al profano les resulten más misteriosas o crean que van a aprender “lo último”.
    Ejemplos, pues un montón empezando por “Isósceles moderna”, “apuntamiento binocular”, “recarga pro-activa”, etc, etc.
    Espero que este artículo que has plasmado sirva para ESCLARECER este tema, que en mi humilde opinión, solo sirve como saca-cuartos.

  6. Estoy de acuerdo contigo en que en ocasiones es necesario emplear el mismo registro que el auditorio al que se dirigen las palabras. No obstante, me parece bastante acertado que antes de abordar la enseñanza en cualquier aspecto se realicen las definiciones pertinentes que vayan a manejarse durante las clases. Es habitual encontrar glosarios de términos en muchos libros de forma que el lector siempre tenga una referencia a la que acudir para conocer a qué se refiere el autor al hablar de determinados términos y conceptos.

    En cuanto a la posibilidad de emplear el término original en lugar de realizar vagas traducciones creo que tienes toda la razón. Quizás sea mejor utilizar el término original en inglés y olvidarse de intentar darle una denominación en español.

    En mi opinión un claro ejemplo de esta circunstancia lo constituye la denominación “intervención en inmuebles”, “intervención en locales cerrados” o “intervención en espacios reducidos” (debiera haberlo incluido en el artículo pero no me había dado cuenta hasta ahora). No creo que realmente nos estemos refiriendo a la intervención sino a las tácticas, técnicas y procedimientos propias de este tipo de combate (si, si, combate, creo que la vida es un combate y los profesionales combatimos mientras los actores actúan). Asimismo, no creo que este tipo de combate esté definido porque se desarrolle en inmuebles (puede tratarse de un mueble: barco, autobús, avión), en locales cerrados (¿si la puerta abierta se trata de un local cerrado?, ¿si no tiene techo como en el caso de un patio interior se considera un local cerrado), ¿si se trata de un callejón se considera un local cerrado?) o en espacios reducidos (¿una nave industrial se considera un espacio reducido? ¿y una superficie comercial? ¿y un callejón?). El término anglosajón que se utiliza para denominar este tipo de combate, totalmente diferente al habitual en campo abierto, es el de Close Quarters Battle o CQB y así puede encontrarse escrito habitualmente.

  7. Realmente uno de los motivos que me animó a escribir al respecto fue precisamente el comprobar cómo cada “falso profeta” trata de innovar denominaciones lo más rimbombantes posibles creo que con el único ánimo de marcar un toque de distinción que convierta su producto en algo atractivo, aunque en el caso de este artículo no he querido meterme en camisas de once varas y me he centrado exclusivamente en términos y denominaciones que no se refieren a nadie en concreto, para evitar que alguien se pudiera molestar al darse por aludido.

    En mi opinión, es de bien nacidos ser agradecidos y siempre proceder concederles el mérito que merecen a todos aquellos “maestros” que difunden determinadas tácticas, técnicas y procedimientos. Lo cual exige conocer el verdadero origen de las cosas y llamarles por su denominación original. Próximamente verá la luz un artículo traducción de su original en inglés que arroja luz sobre el auténtico origen, denominación y características de una posición/postura de tiro con pistola.

  8. Me alegro que te haya gustado. No se trata más que de una opinión pero creo que muchas de mis afirmaciones son bastante acertadas, al fin y al cabo he tratado de buscar las definiciones más ampliamente conocidas y extendidas en el ámbito profesional.

    Creo que tienes toda la razón en cuanto a lo que se puede entender por “profesional”. Quizás el matiz se encuentre en que profesional puede ser cualquier que ejerza una profesión pero ello no implica que sea un buen profesional o que actúe con profesionalidad.

  9. JLG dijo:

    Antes de hablar de cualquier tema, hay que saber hablar… Muy buenas tus apreciaciones sobre el léxico a emplear correctamente. Cierto que en algunas ocasiones, para mejorar la “comunicación”, se recurre a un lenguaje mas simple (e incorrecto) y que se tacha de “erudito” (mal interpretado el térmno) a quien emplea un lenguaje demasiado técnico. Incluso en ocasiones recurrir al término original, cuando proviene de otra lengua, me parece más adecuado que una incorrecta traducción. Es responsabilidad del comunicador el emplear los términos adecuados, junto con las explicaciones pertinentes, para que su mensaje no se desvirtúe: “al pan, pan y al vino, vino”.

    Buen trabajo.

  10. Fernando13 dijo:

    Me ha gustado, es cierto que el uso de determinados conceptos aporta a quien los emplea cierto aura de calidad de cara a un interlocutor cualificado, lo contrario sería chabacanería. Pero ¿qué ocurre cuando el interlocutor no está a la altura? ya sabemos la teoría de la comunicación, falla el código, entonces el emisor deberá modular su lenguaje a los conocimientos del receptor, para que el mensaje sea comprendido, en este caso hablariamos de la calidad-formación del profesional.

    Para acabar una apreciación, ya que hablamos de semántica habría que distinguir lo que es un profesional, quienes viven de una profesión casí todo el mundo y quienes la ejercen y la dignifican, los menos. Cada cual que se posicione.

    Fuerza!!!

  11. Muy, muy buen artículo compañero, muy bueno.

    Me ha gustado sobre todo porque yo mismo he tenido muchas conversaciones sobre este tema, la correcta utilización del idioma y el empleo de unos términos adecuados.

    En un mundo en el que todo vale y “cada “maestrillo tiene su librillo” es de agradecer el que existan profesionales que pongan coto a tantos engendros e inventos, que solo buscan diferenciar sus “librillos” de otros “maestrillos” pretendiendo vender que han inventado la rueda.

    Muy bueno, si señor.

    Gracias.

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