Las armas de fuego subacuáticas son toda una rareza, no sólo por su escasez sino por su limitadísimo uso. Desde luego tiene toda su lógica que un combatiente que se mueve bajo el agua, como los buceadores de combate o los operadores de guerra naval especial, disponga de un arma de fuego que le permita combatir bajo el agua con cierta eficacia en el caso de tener que enfrentarse a sus homólogos enemigos, que también se muevan bajo el agua. Pero el agua constituye un medio difícil y lograr un verdadero arma de fuego apta para su uso bajo el agua supone todo un reto para los ingenieros. No obstante, Rusia parece que lleva muchos años buscando y algo ha podido encontrar, como el fusil de asalto anfibio ADS.
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Sin duda, la seguridad representa el factor más importante en lo que se refiere al manejo y uso de cualquier arma de fuego, no solo para los profesionales armados (militares, policías, vigilantes de seguridad privada, etc.) sino también para cualquier tirador o usuario (tiradores deportivos, cazadores, personas con licencia tipo B, etc.), y muy especialmente para los instructores, entrenadores, formadores, profesores, …, en la materia, porque sobre ellos recae la gran responsabilidad de enseñar correctamente a los demás lo que supone la seguridad con las armas de fuego.


En las películas parece que el mejor sitio para recibir un disparo es indudablemente la pierna; los malos casi no tienen reacción alguna al recibir un tiro en una pierna. Pero, en realidad, una herida en la pierna puede suponer la amputación del miembro o incluso la muerte, en el caso que un fragmento de metralla o una bala alcance determinadas venas o arterias. Hace unos años algunos científicos han logrado modelar con precisión la dinámica de fluidos de una herida de bala en la pierna, con el fin de estudiar la mejor forma de detener la hemorragia en situaciones de emergencia. Los investigadores 


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