
¿Quién no ha oído hablar del autoencendido de un cartucho en la recámara? Se trata de algo relativamente lógico, teniendo en cuenta que el cartucho alberga pólvora que puede deflagrarse si alcanza cierta temperatura ─aproximadamente 150ºC en el cañón (Hameed, Azavedo, Pitcher, 2014)─. Para alcanzar altas temperaturas basta con disparar de forma sostenida durante un rato, algo especialmente fácil en el caso de una ametralladora.
Este fenómeno puede resultar extremadamente peligroso según hacia dónde se dirija la boca de fuego en el momento de lo que constituye un disparo o descarga involuntaria del arma. Además, existe el peligro de ser alcanzado por fragmentos de la vaina, que saldrá disparada hacia atrás en el caso que el cartucho detone con la recámara abierta ─como puede ser el caso de una ametralladora, tal y como se puede ver en el vídeo siguiente─.






El blindaje corporal es una de las grandes maravillas modernas. Ha salvado miles de vidas, sobre todo las de policías y militares, pero cada vez más también lo utilizan vigilantes de seguridad privada y ciudadanos particulares. Protege la vida de las personas o de que sufran heridas graves.



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