Si necesitas dispararle a un compañero de equipo ─o que te disparen a ti─ para demostrar o generar «confianza», el problema no es de confianza, sino de sentido común. Y ese problema no lo resuelve un chaleco blindado.
Existe una práctica que alguna unidad policial lleva a cabo ─no son equipos SWAT ni Delta Force, por ejemplo─ que consiste en disparar con munición real al pecho de un compañero protegido con un chaleco con placas balísticas. La justificación que ofrecen quienes lo practican suele girar en torno a dos argumentos: generar confianza entre los miembros del equipo y prepararse para el estrés de una situación real. Ambos argumentos son, como veremos, falaces y carentes de base científica. Vamos por partes.










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