Cuando se trata de balística terminal hay que escuchar a los mayores, por ejemplo, cuando el Dr. Gary K. Roberts habla del tema, citando además las palabras del Dr. Fackler. Puede que aun creas en la «falacia de los disparos en la pelvis», pero artículos como el siguiente rápidamente te van a aclarar el tema.
En un artículo del 23 de agosto de 2011, el Dr. Gary K. Roberts escribió lo siguiente respecto a la falacia de los disparos en la pelvis, citando simplemente lo que ya antaño (1999) había argumentado el Dr. Fackler. Merece la pena leerlo con atención para no caer en esta falacia.
FACKLER, M.L. Shots to the Pelvic Area. Wound Ballistics Review. 4(1):13; 1999.
Agradezco la oportunidad para rebatir la creencia que la zona pélvica supone un blanco razonable durante un combate con armas de fuego. No logro encontrar evidencia o razonamiento válido alguno para intencionadamente tomar como blanco la zona pélvica en un combate con armas de fuego. Sin embargo, las razones en contra son muchas, entre las que se incluyen:

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- Desde la línea del cinturón hasta el borde superior de la cabeza las zonas más probables para incapacitar rápidamente a la persona con un impacto se concentran sobre o cerca de la línea media. Sin embargo, en la pelvis los vasos sanguíneos se sitúan a ambos lados tras diverger desde la línea media, ya que la aorta y la vena cava inferior se dividen aproximadamente a la altura del ombligo. Además, el blanco que ─cuando recibe un impacto─ es más probable que ocasione una incapacitación fiable y rápida (la médula espinal, situada en la línea media del abdomen, el tórax y el cuello), termina bastante por encima del ombligo y no es un blanco en la pelvis.
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- Resulta más difícil impactar sobre los ramales pélvicos de la aorta y la vena cava inferior que sobre sus vasos principales. Son blancos más pequeños y divergen lateralmente desde la línea media (alejándose de la misma a medida que descienden). Aún impactando sobre dichos ramales, por estos circula mucha menos sangre que por los más grandes vasos sanguíneos de los que parten. Por lo tanto, incluso si se impacta sobre uno de dichos ramales en la pelvis, la incapacitación por pérdida de sangre ha de ser necesariamente más lenta que en el caso de un impacto sobre el vaso sanguíneo principal más arriba en el torso.
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- Además de sobre estructuras de tejidos blandos no esenciales para continuar el combate (intestinos, vejiga), aquello más probable sobre lo que impactarán los disparos en la pelvis será hueso. El ilion es un gran hueso plano que constituye la mayor parte de la pared posterior de la pelvis. El problema es que los proyectiles de pistola que impacten sobre este hueso no lo romperán, sino que sólo harán un pequeño agujero al atravesarlo: eso no servirá de nada para destruir el soporte óseo de la cintura pélvica. La cintura pélvica es fundamentalmente un círculo y para desbaratar su estructura significativamente sería necesario romperla en dos. Únicamente un disparo que rompa el cuello o porción superior de la cavidad del fémur sería probable que desbaratara lo suficiente el soporte óseo como para provocar la caída al suelo de la persona. Ese es un blanco muy pequeño y poco factible. El punto de puntería para poder impactar sobre dicho blanco sería un misterio para aquellos sin formación sanitaria ─y para la mayoría de los que cuentan con formación sanitaria─.
La «teoría» planteada sobre esta cuestión postula que, «ciertas respuestas autónomas que experimenta el cuerpo durante periodos de estrés» provocan que los policías disparen bajo, y que, aparentemente eso es bueno en un combate con armas de fuego porque tales disparos ocasionarán una «grave discapacidad». Espero que los puntos anteriormente expuestos desacrediten ya lo suficiente la segunda parte de esta teoría. En cuanto a las «respuestas autónomas» que provocan que los policías disparen bajo, no tengo constancia de la existencia en la anatomía o fisiología del sistema nervioso autónomo de algo que sugiriera siquiera tal ocurrencia.
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