La energía eléctrica es un bien muy preciado y realmente escaso cuyo almacenamiento se encuentra tremendamente limitado por la propia capacidad de las baterías, que no suele ser suficiente para un funcionamiento continuado como el que puede necesitar un profesional que haya de operar durante días.
Para poder operar por períodos prolongados de tiempo que superan la autonomía que permite la capacidad de las baterías existen dos opciones: cambiar de batería o recargar la batería.
El cambio de batería está supeditado a la disponibilidad de tal batería completa con la que sustituir la consumida, lo cual supone que el operador ha de cargar con un peso adicional considerable, que se dispara en el caso de necesitar no una, ni dos, sino múltiples baterías para cubrir todo el período de funcionamiento continuado previsto para el equipo electrónico en cuestión (un equipo de comunicaciones HF/UHF/VHF, por ejemplo).
Por tanto, la mejor opción consistiría en recargar la batería, ahorrándose la necesidad de cargar con el considerable peso adicional de múltiples baterías de respeto. Pero para ello es necesario disponer de una fuente de alimentación, que no está disponible en cualquier parte, y no siempre se podrá cargar con un generador diesel, que además supondría «peor remedio que la enfermedad», ya que su peso supera con creces el de múltiples baterías.
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