
El pueblo afgano estaba en completo silencio y calma a primera hora de la mañana, cuando nuestro elemento de soldados de Operaciones Especiales se acercaba sigilosamente a pie. Fue un pateo de 4 horas desde nuestro punto de inserción en helicóptero y yo llevaba ya casi 24 horas sin dormir. Notaba el cansancio en los ojos y la mochila de 40Kg me pesaba mucho en los hombros. Llevaba el uniforme de campaña empapado en sudor. Nuestro elemento se detuvo un momento a la orilla de un arroyo para observar la aldea antes de la infiltración. Se dieron las últimas instrucciones en voz baja antes de separarnos en equipos más pequeños y dirigirnos hacia las edificaciones que eran nuestros objetivos asignados.











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