
Después de ver la última de John Wick, la tercera parte, me quedo con la primera, que para mi sigue siendo la mejor. Para el que no lo sepa, John Wick es un personaje interpretado por Keanu Reeves, que despierta de su retiro como miembro de una organización de asesinos a sueldo cuando matan a su perro y le roban el coche en la primera parte. A partir de ahí la lía pardísima para vengarse por la muerte de su perro y recuperar su coche. Hasta ahí llegó la primera parte. En esta tercera parte, excomulgado de la organización de asesinos a sueldo por no seguir las reglas, tiene que liarla pardísima una vez más para mantenerse con vida después de haberse puesto un elevado precio a su cabeza por parte de esa misma organización.
Lo que más llama la atención de las películas de John Wick, no es otra cosa más que la brillante interpretación de Keanu Reeves, que se maneja a las mil maravillas con las armas, sean de fuego o blancas, así como repartiendo las más tradicionales y primitivas «ostias como panes». Eso no quiere decir que la película gane realismo, porque lo que hace John Wick con «sus pistolas» no deja de ser de película ─que es precisamente lo que le caracteriza─.

En esta tercera parte, el aburrimiento está prohibido, y puede que sea la más movidita de las tres partes. El hombre no para, y además durante un rato le acompaña Sophia (Halle Berry) con sus dos «perrillos» ─pedazo de pastores belgas malinois (si no me equivoco)─. La propia Halle Berry se preparó a conciencia para estar a la altura en esta interpretación, hasta el punto de romperse tres costillas. Para poder trabajar con los perros prácticamente tuvo que convertirse en guía canino.
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