La triste realidad implica que «el que juega con fuego se termina quemando», aunque los profesionales no «juegan» sino que prestan un servicio a la Sociedad llegando a sacrificar sus vidas si preciso fuera. En el caso de nuestros policías, y los policías de cualquier otro país, es evidente que los riesgos de la calle son muchos y pueden llegar a suponer la muerte a manos de algún bastardo malnacido.
En EE.UU. aquellos incidentes en los que se ve envuelto un policía son objeto de una concienzuda investigación y toma de datos que aportan todo tipo de cifras que posteriormente se reflejan en estadísticas de lo más variado que pueden o NO servir de algo. En este caso se nos presentan las dramáticas estadísticas preliminares, a falta de finalizar el año y consolidar los datos, correspondientes a los primeros siete meses de este año (01ENE-31JUL13), que el FBI realiza año tras año con los datos obtenidos en aquellos incidentes en los que algún policía ha resultado muerto.
Los números no son más que eso y hay que tomarlos con las debidas reservas y precaución por su subjetividad y parcialidad. No siempre quieren decir algo, no tienen por qué constituir un argumento sólido y no siempre van a garantizar conclusiones válidas. Sirva como estúpido ejemplo lo siguiente. «Si 2 amigos se comen 1 pollo asado, la media nos dice que cada amigo se ha comido 1/2 pollo asado. Sin embargo, en realidad 1 amigo se ha comido 1 pollo asado entero y el otro amigo no ha comido nada porque no tenía hambre.»
Creo que de los datos siguientes la única conclusión verdaderamente cierta que se puede deducir es que la muerte para un policía puede asomarse en cualquier situación por «rutinaria» que parezca o por «inocente» que aparente una persona. No hay que bajar la guardia. En EE.UU. 16 policías han pagado un alto precio por el servicio a su Sociedad. ¡Descansad En Paz, Hermanos de Armas! [Rest In Peace, Brothers In Arms].
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