Hola a todos. Siguiendo con la línea de mi artículo anterior sobre la conveniencia de entrenamiento de esta naturaleza para personal de las Fuerzas Armadas, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad o personal dedicado a la Seguridad Privada, voy a tratar de resumir el apartado dedicado al control de los sangrados en entorno táctico o de combate, centrándome en este prime artículo en el empleo del torniquete.
Como dije en ese artículo, es un hecho demostrado que la primera causa de muerte evitable en este tipo de entornos es la hemorragia exanguinante que posteriormente deriva a un shock hemorrágico y a la muerte del individuo. Las hemorragias exanguinantes normalmente están asociadas a sangrados arteriales en donde el volumen de sangre perdido por minuto puede llegar a ser tan alto como para llevar a la muerte a una persona en tan sólo tres minutos (experimentos científicos realizados con cerdos así lo atestiguan).
Voy a explicar rápidamente y de una manera sencilla lo que ocurre ante un sangrado de estas características. El cuerpo humano es capaz de compensar la pérdida de sangre hasta cierto punto. Nuestro organismo tiene elementos para intentar disminuir los efectos de esa pérdida: el aumento del ritmo cardíaco y de la respiración para aumentar el intercambio gaseoso con los glóbulos rojos que quedan, la contracción de los vasos sanguíneos periféricos para concentrar la sangre en los órganos principales, etc… pero llega un momento (normalmente cerca de la mitad del volumen sanguíneo total) que ya no puede afrontar la pérdida sanguínea y sobreviene el shock o lo que es lo mismo, la falta de el intercambio gaseoso en los tejidos y su consecuente malfuncionamiento que deriva (si no se pone remedio) en la muerte. Es por ello que el control de esos sangrados debe realizarse de manera precoz y agresiva para limitar la pérdida al mínimo posible – “cada hematíe cuenta”.
Pero se debe tener presente que hay ciertos sangrados que son NO controlables prehospitalariamente: los sangrados internos. Ante la sospecha de un sangrado interno, la mejor solución es la evacuación urgente del herido a un centro hospitalario a ser posible en un vehículo de emergencias sanitarias que sea capaz de paliar los efectos de ese sangrado en el herido.
Entonces, ¿qué sangrados podemos y debemos controlar? Pues principalmente los sangrados exanguinantes en extremidades y en la unión de esas extremidades con el tronco (base del cuello, axilas, zona inguinal, perineo, glúteos). El control se realizará por medio de dos herramientas rápidas y muy efectivas: el torniquete y los agentes hemostáticos.
¡Importante! Estos procedimientos están indicados para el control de sangrados de riesgo vital (arterial normalmente) en situaciones tácticas o de combate. Para los sangrados que se producen en situaciones cotidianas hay que seguir los parámetros marcados por los protocolos de trauma civil: presión directa, elevación del miembro y el último caso, torniquete.
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EL TORNIQUETE
Tradicionalmente se ha considerado al torniquete como una “mala opción” para el control de los sangrados. Como he mencionado antes, los protocolos de trauma civiles desaconsejan su uso limitándolo prácticamente a las situaciones de heridos con amputaciones. Normalmente la mala fama del torniquete viene derivada de una mala práctica en donde, el empleo de torniquetes improvisados mal utilizados, ha derivado en amputaciones de un miembro en principio sano.
Los avances médicos derivados de las guerras de Irak y Afganistán y los estudios realizados de ambas guerras sobre heridos que recibieron torniquetes para el control de sangrados de riesgo vital en las extremidades han cambiado por completo el concepto que se tenía sobre ellos, llegando a establecerse en combate como primera medida de control de sangrados exanguinantes en extremidades. (Ver estudio de Kragh y col. “Practical Use of Emergency Tourniquets To Stop Bledding in Major Limb Trauma”. The Journal of Trauma Feb 2008)
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