Jim Cirillo, el héroe policía. Por Massad Ayoob.

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Jim Cirillo 2Jim Cirillo es uno de esos tipos que no solo se convirtieron en leyenda tras su fallecimiento, sino que ya antes era una leyenda viva del combate con armas de fuego. por sus múltiples enfrentamientos con atracadores durante su servicio en la Unidad de Vigilancia [Stakeout Unit (SOU)] de la Policía de Nueva York. Tras su muerte en un accidente de tráfico, Paul Kirchner publicó un libro que no tiene desperdicio, Jim Cirillo’s Tales Of The Stakeout Squad, en el que recopiló algunas de las historias que le había contado Jim Cirillo, desde su vida, sus principios en el tiro, el origen de la unidad y el desarrollo de sus vigilancias y los enfrentamientos armados correspondientes a las mismas. Se trata de una lectura muy interesante para cualquiera interesado en el combate con armas de fuego. En este artículo hemos rescatado un antiguo artículo que escribió Massad Ayoob tras la muerte de su amigo Jim Cirillo.

Este artículo sobre el difunto Jim Cirillo lo escribió Massad Ayoob en la revista American Handgunner. Cirillo era un gran defensor del tiro deportivo con pistola así como del mantra «¡practica, practica, practica!».

  • Practica para disparar con precisión bajo presión.
  • Practica para combatir sin armas.
  • Planea los posibles escenarios en los que defenderte en casa de forma que controles todo lo posible el campo de batalla.
  • Utiliza munición de pistola de punta hueca de calidad.

El 13 de julio de 2007 ─viernes 13, aunque parezca mentira─ recibí una llamada de Jim Cirillo, Jr. Me dijo que su padre había fallecido en un accidente de tráfico la noche anterior. Cuando colgué el teléfono, me inundaron los recuerdos de un hombre al que había conocido durante unos 35 años. Aficionados e instructores de tiro lo consideraban el ejemplo del policía combatiente con armas de fuego moderno.

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Fue uno de los hombres más incomprendidos que he conocido. Son demasiadas las personas que nunca fueron más allá del dedo del disparador para conocer el corazón y la mente de Jim Cirillo. Policía de Nueva York durante una década antes de que tuviera que matar a un hombre, pero fueron más o menos seis años movidos y a tiros en la afamada Unidad de Vigilancia [Stakeout Unit (SOU)] los que le definieron de cara al público. Era fácil olvidar que después de retirarse en la Policía de Nueva York, su siguiente etapa como instructor de tiro ─primero en Aduanas [US Customs], luego en el Centro Nacional de Formación Policial [Federal Law Enforcement Training Center (FLETC)] y finalmente en el sector privado tras «jubilarse»─ le llevó a salvar incluso más vidas que las futuras muertes que evitó al abatir atracadores despiadados que no le dejaron otra opción.

Guns, Bullets and Gunfights. Jim Cirillo.Jim escribió un gran libro que todavía puedes encontrar en Amazon: Guns, Bullets and Gunfights. Si te tomas en serio lo de defenderte con un arma, ese libro tiene que estar en tu estantería tanto como «Cooper on Handguns» y «No Second Place Winner». Las siguientes citas textuales, salvo que se indique lo contrario, están extraídas de ese importante libro.

Jim podría haber escrito otro libro, puede que en varios volúmenes, sobre sus propias experiencias en este sentido. No puedo abarcar todos los incidentes en los que Jim se vio implicado en el espacio aquí disponible, pero hablaré de tres de ellos. Si la elección de esos tres incidentes en particular te sorprende, probablemente indique que no conocías a Jim Cirillo.

La tienda de ultramarinos

El primer enfrentamiento armado de Cirillo fue su más famoso. Tuvo lugar tan solo dos horas después de iniciar su primer vigilancia con la nueva unidad. Tres hombres armados se disponían a atracar una tienda de ultramarinos de la ciudad de Nueva York. Se colocaron de tal manera que el compañero de Cirillo, armado con una escopeta de postas, no podía disparar por miedo a darle a los clientes [algo que solo preocupa a quienes no optan por el temerario método de rociar y rezar]. Sólo Cirillo tenía un ángulo de tiro aceptable. Él mismo contó la historia en su libro:

«No pasé más miedo en mi vida. En la Academia nunca me dijeron que los blancos iban a pegar saltos y moverse por todas partes. No había un blanco de 90 por 60 cm al que disparar como en la galería de tiro de la Policía. Uno de los atracadores solo me dejó un círculo de 15 cm de su cabeza en movimiento al que dispararle. Los otros dos atracadores saltaron por encima del mostrador para ponerse detrás de la caja y solo exponían poco más de 20 cm de sus cuerpos por cada lado de la caja. Durante esos microsegundos frenéticos cuando salí de mi escondite, la protección pélvica se soltó del chaleco blindado que llevaba. Recé para que ninguno de los atracadores me diera en lo que consideraba una zona muy vital».

«Cuando la protección pélvica de metal recubierto de nylon cayó al suelo con un sonoro golpe, los tres atracadores se giraron hacia el ruido y apuntaron sus pistolas hacia mi. Lo siguiente que escuché fueron disparos. Noté cómo mi revólver Smith&Wesson Model 10 rebotaba en mis manos y me pregunté mentalmente, ¿quién coño está disparando con mi revólver?»

«Cuando el humo se disipó, no veía a los atracadores por ninguna parte. Me cagué en mí mismo por dejarme llevar por el miedo y me sentí muy mal por lo que pensé que había sido una pérdida total de control y precisión. Cuando la dependienta me dijo que aún quedaba uno de los atracadores, saqué inmediatamente mi segundo revólver, pero me dijo, «no te preocupes. No va a ir a ninguna parte». Cuando salí de la oficina del gerente en la que me encontraba, me sentí algo aliviado por haber detenido al menos a uno de los atracadores».

Pero Jim lo había hecho mejor de lo que pensaba. El atracador que no iba a ir ninguna parte estaba muerto por un disparo que le atravesó el cerebro. Jim le había dado tres veces en la cabeza con balas de punta hueca semiblindada Super Vel de 110 grains en calibre .38 Especial. Dos de las balas resbalaron por el cráneo y dejaron al atracador en pie y a la carrera. La tercera terminó con la amenaza letal.

Los otros dos atracadores escaparon, uno medio cargando con el otro. Ambos fueron detenidos ese mismo día cuando intentaban recibir asistencia médica por sus heridas de bala. Cirillo les había herido lo suficiente como para que huyeran desesperadamente del enfrentamiento.

El Sargento Joe Volpato, comandante interino de la Unidad de Vigilancia [Stakeout Unit] cuando les hice una visita a principios de los años 1970, me dijo que la reconstrucción de los hechos demostró que Cirillo había realizado seis disparos contra los tres atracadores en tres segundos.

Jim me contó que al principio estaba tan asustado que tenía la lengua pegada al paladar; pero cuando sacó el revólver del .38 y tuvo una imagen de los elementos de puntería, una extraña calma pareció inundar su cuerpo, como si algo le dijera que ahora estaba en su mundo, en su territorio. El piloto automático llevaba el control cuando el dedo presionaba el disparador, tal y como lo hacía en las competiciones de tiro de combate [Police Pistol Combat (PPC)], de las que ya había ganado unas cuantas. Jim experimentó un fenómeno conocido como disociación psicológica [psychological splitting], de forma que parecía como si fueran dos personas. Una era el Jim «consciente», pasivo, que se concentró en el punto de mira y observó cómo reaccionaban a los disparos las figuras borrosas a las que apuntaba, mientras ese Jim consciente pensaba para sí mismo «¿quién coño está disparando con mi arma?». Y otra era el Jim «subconsciente», activo, que seguía a los blancos en movimiento y presionaba suavemente el disparador de doble acción del revólver S&W.

Posteriormente Cirillo escribió: «no llegué a entender cómo pude encargarme de tres hombres armados cuando antes del enfrentamiento estaba tan consumido por el miedo. No me atrevía a hablar del extraño fenómeno por el que tuve la sensación de que otra persona disparaba con mi revólver. Más adelante comprendí que esta reacción milagrosa, que posiblemente me salvó la vida, venía del subconsciente. Entonces para mi se hizo evidente que el subconsciente puede asumir el control en momentos de mucho estrés. Cuando toma el control, es infalible ─no puede hacer más que alcanzar la perfección─. Los disparos que realicé en aquel primer enfrentamiento armado fueron tan precisos y rápidos que nunca he podido reprocucir tal hazaña en una galería de tiro sobre blancos de papel».

Para llegar a entender por qué el rendimiento de Jim aquel día, hace unos 40 años, se ha convertido en algo tan ampliamente aceptado como una auténtica «hazaña de las armas», hay que pensar en las distancias de los disparos. Jim realizó esos disparos a una distancia de entre 18 y 23 metros de los atracadores, en medio de una tienda llena de gente, y dos de los tipos estaban tras un escudo humano.

El Chaval

Esta historia no la vas a encontrar en el libro de Jim, porque lo tituló «Armas, balas y enfrentamientos armados» [Guns, Bullets and Gunfights], así que esta historia iba a estar fuera de lugar en el libro. Ojalá Jim hubiera escrito otro libro titulado «El Trabajo» [The Job]. Me imagino que este incidente hubiera sido uno de los primeros capítulos.

En una ocasión le pregunté a Jim, de cuál de sus intervenciones estaba más orgulloso. Resulta que era un incidente en el que él y su compañero observaban a través del cristal unidireccional del local que vigilaban y vieron a un chaval que era evidente que llevaba una pistola escondida. Estaban listos para abrir fuego en cuanto hiciera algún movimiento hostil, pero algo le decía a Cirillo que las cosas no eran lo que parecían. Jim le dijo a su compañero que le cubriera, se quitó el chaleco blindado y el cinturón de servicio en el que llevaba dos revólveres del .38 y cinco recargas de munición, se metió un revólver S&W Model 10 en el cinturón como añadido al revólver Colt Cobra que siempre llevaba en un bolsillo y se puso un cortavientos encima para tapar el uniforme. Entonces salió de su escondite y entró en la tienda.

Cirillo se dirigió hacia el sospechoso y a medida que se acercaba se dio cuenta de que el chaval era aún más joven de lo que parecía a través del cristal oscuro unidireccional. Se echó encima del sospechoso, lo desarmó y lo tiró al suelo. Cuando el sospechoso ya estaba engrilletado en el suelo, él y su compañero se dieron cuenta de que el chaval armado no era más que un adolescente con una pistola de fulminantes.

Uno de los jefes propuso a Cirillo para medalla por su valor más allá de su obligación. La propuesta fue denegada por los de arriba. Consideraron que quitarse el chaleco blindado que se suponía que tenía que llevar todo el tiempo durante la vigilancia infringió el régimen interior de la unidad y, por lo tanto, no se le podía condecorar. La Policía de Nueva York es un cuerpo con mucho corazón, pero en cualquier organización de más de 30.000 personas el régimen interior puede asfixiar el corazón.

El Vestíbulo del Hotel

Aquellos que no conocían a Jim y se apuntaban a alguno de sus cursos solían esperarse que no hiciera más que alardear de sus propias hazañas. Cualquiera que pensara eso, no conocía a este hombre. Pocos policías estadounidenses han contado jamás con tantas experiencias del tipo «haber estado allí, hecho eso» [Been There, Done That (BTDT)] en enfrentamientos armados, pero Jim supo desde un primer momento que posiblemente no iba a haber dos enfrentamientos armados iguales, y que seguramente podía aprender más de los muchos otros enfrentamientos armados que analizara, que no de los suyos propios.

Uno de los enfrentamientos armados del que solía hablar era uno en el que se vio envuelto, en el que su compañero, uno de sus mejores amigos, le salvó la vida.

La Unidad de Vigilancia [Stakeout Uni (SOU)] recibió un aviso de que se iba a perpetrar un atraco en un hotel del aeropuerto. El comandante de la unidad envió a sus dos mejores tiradores. Si la memoria no me falla, el lugar del atraco era el Air Host Inn. Con Cirillo iba su compañero de vigilancias más habitual, Bill Allard. Bill era tan buen tirador de precisión como Jim de tiro de combate [Police Pistol Combat (PPC)], aunque no se quedaba atrás en ninguna de las dos modalidades. Allard disparaba siempre que podía como militar reservista en Camp Perry (donde un día ganaría un campeonato nacional), y un año consiguió allí una bonita Colt National Match en calibre .45 Auto. Era su pistola favorita, y como instructor de tiro de la Unidad de Vigilancia había una excepción a la norma que le permitía llevarla «experimentalmente» de servicio, incluso en un momento en que el régimen interior sólo permitía a los agentes llevarbrevólver calibre .38 Special.

Aunque la munición reglamentaria de uso obligado en el cuerpo en aquella época eran los cartuchos calibre .38 de presión normal con punta de plomo no expansiva de 158 grain, las sanciones por llevar otra munición no eran tan duras entonces como serían posteriormente, y tanto Cirillo como Allard estaban de sobra preparados para aguantar el rapapolvos si su munición no reglamentaria hacía que un enfrentamiento armado se terminara antes. En esta vigilancia en concreto, esa pistola calibre .45 Auto era el arma que llevaba Allard, y en la recámara ─junto con un cargador de munición de punta hueca─, llevaba un cartucho recargado que Jim y él habían preparado, en el que montaron un proyectil de punta hueca con un perfil completamente plano [wadcutter].

Pero que sea Jim quien cuente la historia: «Me enfrentaba a lo que se suponía que eran dos jóvenes que previamente habían atracado varios hoteles, siempre con las manos en los bolsillos. Bill y yo teníamos un plan con el recepcionista, de forma que dijera una palabra clave al hablar con los jóvenes atracadores. Cuando escucháramos la palabra clave, uno de nosotros saldría por una puerta lateral y les cortaría el paso».

«Como era de esperar, el recepcionista se asustó y nos dio la palabra clave, solo que esta vez eran otros atracadores. Cuando salí por la puerta lateral, ¡qué sorpresa me llevé! ¡ambos individuos iban armados con automáticas! Ambos se dieron la vuelta hacia mi. El primer atracador apuntó su arma hacia mi, pero no me atreví a disparar en el vestíbulo con un huésped del hotel justo en la línea de tiro. Entonces, los atracadores apuntaron sus armas hacia mi y el recepcionista. Les grité que tiraran las armas. Yo sabía que el primer atracador estaba drogado y no iba a permitir que nadie se interpusiera entre él y su próxima dosis. Cuando volvió a apuntarme con su arma, recé para que sus disparos no me dieran el cuello o la cabeza, que contaban con la protección del blindaje».

«Pareció que pasara una eternidad hasta que ví la nube de polvo y humo de pólvora quemada que salía desde detrás del mostrador del hotel y entonces escuché el disparo de la pistola calibre .45 de Bill. El primer atracador se erguió, retrocedió unos cuatros pasos y cayó hacia atrás. Ya estaba muerto antes de llegar al suelo. El segundo atracador soltó el arma y corrió hacia la salida. Ni Bill ni yo le disparamos por miedo a darle a algún peatón en el exterior de la entrada del hotel».

«En el examen postmortem, pudimos comprobar que el proyectil de punta plana [wadcutter] calibre .45 le había atravesado el esternón, le seccionó el pericardio y se quedó alojado en el lado izquierdo de la columna vertebral. Se había expandido más de 2’5 cm de diámetro. Si Bill hubiera disparado munición estándar del .45, posiblemente hoy no estaría escribiendo esto…».

Jim solía hablar tanto de este incidente como un estudio de caso en sus cursos porque tenía muchos puntos de aprendizaje y poco de machote. Remarcaba la necesidad de confiar en tu compañero y el hecho de que nadie puede apañárselas siempre él solo. Del mismo modo que las personas en la tienda de ultramarinos impidieron que su compañero pudiera disparar a los atracadores, mientras que Jim pudo disparar porque se encontraba en una posición ligeramente elevada en la oficina del gerente, en el caso del hotel Air Host Inn, Cirillo no podía disparar por culpa de un huésped inesperado en el vestíbulo que estaba en la línea de tiro.

Otras Lecciones

Cirillo hacía especial incapié en las tácticas tanto como en la puntería. Al estudiar la Unidad de Vigilancia a principios de los años 1970, acompañé a los sargentos de la unidad Tom Derby y Augie Luciente mientras analizaban los establecimientos que eran candidatos para su vigilancia por la unidad. Estudiaban meticulosamente ángulos de tiro, ángulos de visión, rutas de entrada y salida. Algunas veces la unidad literalmente reestructuraba el potencial campo de batalla. Una de sus tácticas preferidas eran los cristales unidireccionales ─espejos─. Jim siempre explicaba a sus alumnos la importancia de predecir lo que podía pasar y controlar el lugar todo lo posible antes de que empezaran los disparos, y les recordaba que los mismos principios se aplicaban a la hora de protegerse en casa con un arma.

Jim creía que el término «enfrentamiento armado» lleva a engaños. Las armas no son las que se enfrentan, sino las personas implicadas. Cirillo comprobó que los mejores combatientes de la unidad eran tiradores deportivos, acostumbrados a disparar con precisión bajo presión, y cazadores, pero estos segundos menos porque se habían acostumbrado a observar una determinada zona en busca de ciertas cosas con extrema concentración, sin distracciones.

Aquellos que llegaron a conocer a Cirillo solían sorprenderse de que no se ajustara a esa imagen de hombre frío que esperaban encontrarse en base a su reputación. Jim era un tipo animado, extrovertido, siempre sonriente y siempre con bromas. Enfrentarse a la muerte le había enseñado a amar la vida. Era un hombre muy familiar, un padre cariñoso para su hijo Jim, Jr. y su hija Margie, y la prematura muerte de su mujer y alma gemela Mildred le dejó echo polvo. Durante los últimos nueve años de su vida, volvió a encontrar la felicidad con su pareja Violet Martínez. Cazar o pescar, salir a cenar o simplemente una buena charla con amigos, Jim era un hombre que había aprendido a apreciar ─y aprovechar─ cada minuto de su vida.

Superó mejor que muchos el hecho de haber tenido que matar a varias personas. Tenía una fuerte fe religiosa, y eso parecía ayudarle mucho. Igual que hacía su fuerte amor por la familia. Jim escribió, «el hombre de familia… era aún más grande, porque corría menos riesgos. Quería volver a casa. No estaba dispuesto a permitir que ninguna bestia de presa le hiciera daño. Nos daba seguridad y cuidado».

No todos sus compañeros lo superaron tan bien como él. La Unidad de Vigilancia tenía una alta tasa de problemas cardiovasculares, úlceras, trastorno de estrés postraumático y otros problemas relacionados con el estrés. El corazón de un miembro de la unidad se paró a los 36 años.

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Ni siquiera Cirillo pudo escapar por completo del «trauma posterior al disparo». Una parte de ese trauma es lo que el psicólogo de la policía Walter Gorski describió como «síndrome de la Marca de Caín», situación por la que otros te ven principalmente como un asesino en lugar de la buena persona que eres. Jim se enteró de que, a pesar de las recomendaciones para el ascenso por parte de los jefes que le conocían, fue rechazado en los escalones superiores de la cadena alimenticia de la Policía de Nueva York por un comisario que había dicho, «si ascendemos a Cirillo, le estaríamos diciendo a todos los jóvenes que se unen a la Policía, que ascendemos a los policías que matan».

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Acerca de Jorge Tierno Rey

Infante de Marina desde 1999, Capitán desde 2007. Experto en nada. Siempre aprendiendo. Me encanta aprender. Sin experiencia real en combate. Traduzco decentemente textos del inglés al español. Fundé y escribo en El Blog de Tiro Táctico (tirotactico.net). Soy un profesor mediocre. Más de 2.500 horas de clase, más de 60 cursos, más de 1.200 alumnos me han sufrido.
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