Experiencia versus Maestría.

(Este artículo fue publicado en el número de Agosto 2011 de la revista Tactical Online)

¿Es lo mismo experiencia que maestría? ¿qué diferencia hay entre un experto o un especialista y un maestro en una determinada materia?

Quizás todos estos términos puedan utilizarse indistintamente, pero creo que existen matices entre ellos que merece la pena apuntar y que estoy seguro que te harán recapacitar sobre tu propia conceptualización de estos términos, abriéndose un interesante y útil debate en la comunidad profesional.

Tiger McKee, maestro del tiro táctico sin experiencia policial ni militar

Tradicionalmente al hablar de experiencia en cualquier ámbito profesional se suele relacionar el grado de experiencia con el tiempo que se lleva ejerciendo la profesión. De este modo, se considera que un militar, un policía, un escolta, etc…, tienen mucha experiencia cuando llevan muchos años a sus espaldas en el ejercicio de su profesión. Asimismo, de todos es conocido el dicho “la experiencia es un grado”, que le confiere a la experiencia una gran importancia en cualquier ámbito profesional. En nuestra sociedad la experiencia supone el reconocimiento automático del mérito y la capacidad personal, es decir, se considera que una persona con mucha experiencia en determinada profesión constituye de por si un buen y gran profesional. Es más, habitualmente la experiencia así entendida (tiempo ejerciendo la profesión) se emplea como dato a destacar en cualquier presentación para ensalzar la valía de un profesional y ganarse el favor de la audiencia.

Creo que definir experiencia simplemente como tiempo de ejercicio y a su vez establecer una relación directamente proporcional entre experiencia y mérito y capacidad personal supone un error. Si se asume que un profesional con mucha experiencia es aquel con muchos años de ejercicio y se considera que el mismo es un buen y gran profesional sólo por ello, se está afirmando que cualquiera por el mero hecho de dejar pasar el tiempo se convierte en un buen y gran profesional. Del mismo modo, se niega la posibilidad que un profesional con poco tiempo de ejercicio, y por tanto poca experiencia, pueda ser un buen y gran profesional.

Pat Rogers, maestro del combate con armas de fuego con experiencia como Infante de Marina y como agente de policía de Nueva York

En base a lo anteriormente expuesto se podría afirmar que todo médico, profesor, ingeniero, arquitecto, policía, militar, escolta, vigilante, etc…, con muchos años de experiencia (entendiendo como tal el ejercicio de su profesión) es un buen y gran profesional. Sin embargo, resulta evidente que la mera experiencia no define a un buen y gran profesional si ésta no viene acompañada de otras cualidades tales como el buen hacer, la profesionalidad, la aptitud, la habilidad, los conocimientos, la formación continua, etc… Por el contrario, posiblemente una persona con poca experiencia pueda ser un buen y gran profesional si dispone de todas esas cualidades que se acaban de enumerar.

Por ejemplo, un médico no se convierte en un buen y gran profesional porque haya dedicado más de 30 años al ejercicio de la medicina. Quizás haya atendido a un gran número de pacientes y haya realizado con éxito innumerables operaciones quirúrgicas, lo que supone que tiene mucha práctica en el ejercicio de su profesión, pero ello no quiere decir que se encuentre al día de los últimos avances en la medicina que permiten abordar una dolencia o enfermedad con una técnica quirúrgica o un fármaco más efectivo. Cuando hemos de buscar un buen médico no nos guiamos únicamente por el criterio de la experiencia, sino todo lo contrario, éste es un dato que prácticamente nadie conoce; es el prestigio y la reputación del médico lo que nos lleva a ponernos en sus manos y no los años de ejercicio de la medicina.

Jason Falla

Esto mismo es de aplicación a cualquier ámbito profesional. Un profesor sin la debida aptitud pedagógica nunca podrá ser buen profesor aún con el paso de los años salvo que la práctica de su profesión le permita adquirir dicha aptitud. Un policía, un militar, un escolta, …, no se convierten en buenos y grandes profesionales por el mero hecho de haber ejercido su profesión durante los últimos 30 años.

En resumidas cuentas, creo que no es la experiencia el criterio que determina el carácter de buen y gran profesional de una persona sino la maestría con la que desarrolla su profesión, la cual no guarda necesariamente una relación directamente proporcional con la experiencia. Es decir, existen buenos y grandes profesionales con poca, alguna o mucha experiencia y malos profesionales con poca, alguna o mucha experiencia, pero no por tener mucha experiencia se es buen profesional.

Si prestamos atención a las propias definiciones que contiene el diccionario de experiencia/experto y maestría/maestro podemos concluir que efectivamente no se trata de sinónimos y existe una clara distinción que destaca el valor del maestro frente al experto y la maestría frente a la experiencia.

Chris Costa

La experiencia se define como la “práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo” o bien “el proceso por el que se adquiere un conocimiento o habilidad por medio de hacer, ver o sentir algo” mientras que la maestría consiste en el “arte y destreza en enseñar o ejecutar algo”, es decir, “si alguien tiene una maestría en algo es porque es tremendamente hábil en eso”. Del mismo modo, un experto se define como aquella persona “práctica, hábil, experimentada” o bien “aquella persona con un alto nivel de conocimiento o habilidad, un especialista” mientras que un maestro es aquella “persona que es práctica en una materia y la maneja con desenvoltura“ y ”de mérito relevante entre las de su clase”, es decir, “una persona que tiene mucha habilidad en un trabajo o en una actividad en particular”.

Travis Haley

Mi interés al escribir este modesto artículo es despertar la conciencia de los lectores, profesionales, a la hora de decidir quién resulta válido para enseñarles y por tanto en qué personas van a depositar la garantía suficiente como para confiar su vida a las enseñanzas que éstas puedan enseñarles. Si cuando visitamos el médico y nos ponemos en sus manos siempre buscamos el mejor médico que podamos encontrar y podamos permitirnos, no necesariamente el de mayor experiencia, cuando pretendamos mejorar nuestra formación como profesionales ¿por qué no buscamos un buen maestro y nos dejamos llevar más por el “estuve allí, hice esto” o la experiencia?

Paul Howe

Creo no equivocarme al afirmar que normalmente confiamos ciegamente en aquellas personas que muestran un currículum envidiable, abundante en cursos, diplomas, certificados, congresos, etc…, en materias de lo más rimbombante posible, con muchos años de experiencia en afamadas unidades de operaciones especiales, con múltiples misiones internacionales de alto riesgo a sus espaldas, con un elevado número de bajas en combates reales, etc…, sin pararnos a pensar si realmente se trata de un maestro. Una cosa no quita la otra, se puede ser un auténtico maestro con o sin un currículum envidiable, pero no por disponer de un currículum envidiable nos convertimos en maestros.

En mi opinión, en el futuro, antes de confiar a pies juntillas en alguien y en sus enseñanzas simplemente por hacer gala de un currículum envidiable, analicemos si realmente se trata de un maestro que sabe bien lo que dice, que sabe argumentar lo que dice, que tiene siempre una explicación, que dispone de la humildad suficiente para reconocer sus propios errores y que, en definitiva, dispone de aptitudes pedagógicas, cualidades y conocimientos suficientes para convertirse en nuestro maestro.

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Acerca de Jorge Tierno Rey

Administrador del Blog. Experto en nada. Experiencia cero. Ninja de teclado.
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13 respuestas a Experiencia versus Maestría.

  1. Cecilio Andrade dijo:

    Jejejee. Creo que estamos más de acuerdo de lo que cree, amigo mío.

    Lo que ud comenta es cierto, pero como todo en este mundo nada es absoluto ni fijo, cada punto, objeto, caso, merecen un estudio individual, para cuanto más una persona.

    Conozco “jóvenes” que con muchas experiencia no han aprendido realmente nada útil. Otros que sin ellas en persona pero si en “cabeza ajena” han logrado sacar grandes enseñanzas. En medio un mundo entero de personas e individualidades.

    Lo mismo podría decirle para grandes veteranos.

    Le voy a dar un consejo, si me lo permite, y sabiendo que ud es una persona de mente abierta. No lea, escuche ni interprete nada nunca de forma literal, solo los bebes dicen exactamente las cosas con literalidad. En mi historia anterior le doy a ud más la razón de lo que pudiera parecer y esa era mi intención, el problema no era el “veterano” si no el jovencito crecido y pagado de si mismo… era un problema de personalidades y no de “experiencias” o edades.

    Cuídese y cuide de los suyos, y sobre todo nunca pierda ese espíritu que le anima.

  2. Totalmente de acuerdo, aunque no es fácil.

  3. Gracias por este documento, Cecilio. Lamento discrepar en cuanto al contenido.

    Como dice el gran maestro Pat Rogers (yo al menos se lo he escuchado a él) “un tío listo aprende de sus propios errores, un tío inteligente aprende de los de los demás”. Este dicho dice mucho en pocas palabras y me parece bastante sugerente. También creo que es de aplicación si en lugar de errores hablamos de experiencias.

    Si que es cierto que el combate real no puede reproducirse exactamente en ningún adiestramiento, pero quizás sí que puedan reproducirse muchas de sus características y sí que podemos adiestrarnos duramente para tener éxito cuando ese combate real llegue.

    Abner Miranda, autor habitual en algunas publicaciones, suele terminar sus artículos con la frase “sangra en el adiestramiento, sobrevive en el combate” (no sé si es originalmene suya pero yo se lo he escuchado a él).

    La clave del éxito creo que radica en una formación, preparación y adiestramiento adecuados, no en las experiencias en sí. Por el mero hecho de afrontar muchas situaciones tácticas con éxito no se adquiere la eficacia ni se tiene la garantía de estar haciéndolo bien, quizás tengas suerte y sobrevivas.

    Un jugador de fútbol no comienza a ser bueno cuando ha jugado muchos partidos de fútbol en primera división. El que es buen jugador es además de porque dispone de cualidades porque se adiestra duramente.

    Un piloto de Fórmula Uno no se convierte en un gran piloto por correr muchas carreras sino porque es buen piloto, porque lo hace bien, porque tiene cualidades, porque ha tenido un buen adiestramiento.

    Un piloto de transporte de líneas aéreas no aprende a salir airoso de una emergencia en vuelo viviendo tal experiencia repetidas veces sino por su adiestramiento, lo más parecido a la realidad.

    No creo que el problema de los soldados norteamericanos en Vietnam sea su falta de experiencia real en combate, a lo mejor se trata de una falta de preparación adecuada o unas TTPs inadecuados. Lo mismo puede haber sucedido con los escoltas de Reagan; a lo mejor no estaban bien preparados o sus TTPs no eran los más adecuados.

    Otro ejemplo que se me ocurre es el de un conductor con más de 20 años al volante que ha recorrido miles de kilómetros por toda la geografía mundial sin haber tenido jamás el más mínimo percance. ¿Quiero eso decir que es un buen conductor, que sabe conducir bien, que conduce mejor que un conductor novel? Pues posiblemente no, quizás haya tenido la suerte de no haber sufrido ningún percance a pesar de ser un pésimo conductor que no respeta el código.

    En resumidas cuentas, lamento ser tan crítico pero creo que veteranía, edad, experiencias, …, no representan un elemento adecuado en el que basar un criterio de evaluación de la eficacia en combate.

  4. Cecilio Andrade dijo:

    Hace tiempo escribí lo que sigue, espero que sea de apoyo a lo que comentas.

    Juventud versus experiencia
    Sep 27th, 2007 por Cecilio Andrade

    Hace unas semanas asistía como instructor a un minicursillo de tiro de pistola, cuando en uno de los altos de descanso surgió una conversación. Esta, no por nueva dejó de llamarme menos la atención.

    Siempre me ha gustado escuchar las conversaciones de la gente, se aprende mucho, y no me refiero a conocimientos técnicos, me refiero a conocer a la propia gente. Desde hace tiempo procuro seguir muchos de esos dichos llamados populares, y uno de ellos me gusta particularmente, “Dios nos ha dado dos orejas y una sola boca para escuchar más y hablar menos”, al cual yo procuro añadir aquel del irreverente Groucho Marx “más vale estar callado y parecer idiota, que abrir la boca y confirmarlo”.

    Pues bien, en esta conversación se enfrentaban: la irreverente y pagada de si misma juventud, versus la moderada y sabia veteranía. Un joven (muy muy joven) oficial, apenas recien salido de la academía, defendía que en todas las unidades del mundo los jovenes menores de 30 años eran los que mejor rendimiento daban, respecto al trabajo de campo, y que a partir de esa edad, este personal debía pasar a trabajos académicos y/o burocráticos. En ello incluía tanto a unidades regulares, especiales, policiales, de protección, etc.

    Defendía que este tipo trabajos es más eficaz con hombres jóvenes, llegando a decir que todos los que el conocía como buenos eran menores de esa edad. Puso como ejemplo a un “amigo” del Servicio Secreto norteamericano.

    El que recibia su diatriba (aparte de los que se encontraban a su alrededor escuchando) era un Cabo 1º Permanente de 38 años y casi veinte de servicio a sus espaldas. Este esperó pacientemente a que su ¿contrincante? se tomara un respiro, seguro de su victoria dialéctica, y contestó (como buen gallego) con una pregunta. “Por supuesto. ¿Y seguro que su “amigo” es cinturón negro nosecuanto Dan, hace los cien metros en 10 segundos o menos, y le hacierta al ojo de una mosca a 50 metros?”

    “Más o menos” le contestó firme el oficial.

    “¿Son los mismos que permitieron que un descerebrado sin preparación alguna se acercara al presidente Reagan, y le disparara varios tiros? ¿Tuvo suerte? ¿El descerebrado o Reagan?”

    El oficial se quedo sin saber que contestar, con lo cual el Cabo 1º continuó.

    “El ser humano aprende con la experiencia. Para determinados trabajos la pericia y la habilidad no lo son todo, ni mucho menos. Por ejemplo, el nuestro. En nuestro trabajo debemos actuar como si siempre estuvieramos en zona de combate, es vivir siempre en combate. Ahora bien, cualquier psicólogo le diría, que por muy bien entrenado que esté un soldado, independientemente de su edad, la primera vez que recibe fuego se desorientará y confundirá. Cuando haya vivido varias veces esa experiencia sabra lo que debe hacer. Ningún entrenamiento, por muy real que pueda parecer, puede sustituir el estar bajo fuego real. Por ese motivo (entre otros) los norteamericanos perdieron en Vietnam. Todos los soldados que enviaban eran novatos, y cuando empezaban a enterarse de como iba todo, los reemplazaban con otro grupo de bien entrenados novatos. El ejemplo de Reagan que le puse, manifiesta claramente el problema de los colegas de su “amigo”, ninguno había estado bajo fuego enemigo, salvo los de Reagan claro. Por eso, en los paises occidentales, la mayoría de los militares, policias y escoltas no dejan nunca de ser solo unos novatos. No es culpa de ellos, ni de la edad, ni de nada, solo de las experiencias que les toca vivir.

    Por cierto, en las mejores unidades del mundo, UEI o GEO, SAS, Delta, SWAT en general, etc, la media de edad supera ampliamente los 30.”

    El oficial no contestó, de todas formas el descanso ya finalizaba y tocaba seguir entrenando.

    ¿Quien pensais que ganó la discusión? Si alguien debía ganar.

    ¿Quien tenía la razón? Si alguien debe tenerla.

    La eterna discrepancia ¿no?

    ¿Años? ¿Quien habla de años?

    Experiencia, experiencia, experiencia, siempre experiencia.

    No defiendo ninguna edad, cada una tiene sus pros y sus contras, como todo en esta vida. Hablaba de madurez (maduro no es sinónimo de viejo, y mucho menos de gastado) y experiencia.

    Los soldados norteamericanos en Vietnam, no fallaron por falta de edad o exceso de edad, ni de entrenamiento. Los escoltas de Reagan mucho menos aun. Fallaron por falta de experiencia en que alguien te dispare con la intención de matarte. Fallaron porque ningún entrenamiento, por muy real que parezca, puede sustituir la cruda y dura realidaz.

    Los soldados que sobrevivieron a Vietnam, si hubieran seguido podrían haber cambiado algo el resultado, (esa opinión la hago sin contar un millón más de cuestiones que afectaron a este conflicto), como indica el indice de supervivencia y eficacia de los que se reengancharon. Los escoltas de Reagan seguramente cambiaron muchos conceptos que tenían en sus entrenamientos y trabajo. Gabe,sin ir más lejos, seguramente podría decir algo sobre la primera vez que recibió disparos, y las siguientes. Al igual que muchos que visitan el foro.

    Experiencia no edad, eso defiendo. Evidentemente reconozco que edad y experiencia “suelen” ir a caballo una de la otra, pero solo “suelen”. El tener años no es sinónimo de tener experiencia, quizás en los entrenamientos, pero no tiene por que serlo en el ruedo.

    Cuidense y cuiden de los suyos.

  5. Creo que lo que dice Cecilio debería de ser de obligado cumplimiento para todos los formadores en general y en particular para los que se dedican a este tema.
    Para mi un 15 sobre 10 en los apuntes de Cecilio al respecto.

  6. Raul Frieiro dijo:

    Un articulo como siempre muy intersante y con mucho jugo para exprimir.
    Saludos bro!

  7. Cecilio Andrade dijo:

    Por otra parte tenemos muy buenos operadores, magníficos en todos los aspectos pero que no saben explicarse de forma pedagógica. Conozco a muchos así, y siempre les digo lo mismo, lee, habla como te gustaría escuchar a ti, verás como poco a poco te sale y explicas todo lo que sabes y llevas dentro.

    De acuerdo con la metodología de la instrucción táctica, policial o militar, el maestro/instructor de tiro no debe limitarse a proporcionar únicamente conocimientos técnicos. Su acción pedagógica ha de ir más allá de lo estrictamente técnico y profesional. Debe llegar a lo humano y educativo.

    Los profesionales confiados a un maestro/instructor llegan con unas inquietudes y unas necesidades de conocimientos necesarias para su superación, e incluso supervivencia, en el desarrollo de sus funciones. Independientemente de su edad y veteranía, deben ver en el maestro/instructor un modelo a imitar, depositario de una autoridad indudable. En este marco, la labor del maestro/instructor consiste en compaginar autonomía y dependencia, de tal modo que favorezca la maduración de sus alumnos, quienes en sus diversos puestos tendrán responsabilidades varias, y dónde deberán tomar decisiones y cumplir órdenes en base a los conocimientos adquiridos.

    El maestro/instructor, en definitiva, cumplirá su papel de educador y guía de sus alumnos, creando de forma continua con su comportamiento y métodos utilizados, una situación en la que los alumnos obtengan conocimientos y normas de comportamiento para que, finalmente, aprendan a ejercer reflexivamente sus responsabilidades.

    Algunas, solo algunas, normas de carácter pedagógico que se deducen de la experiencia en la instrucción.

    – Interesarse y esforzarse por conocer y comprender a los alumnos. Como primera medida práctica, procure conocer desde el principio el nombre de los alumnos. Ellos agradecerán esta muestra de interés y se sentirán inclinados a cooperar y mantener una relación positiva con el instructor, para quien han dejado de ser un simple número.

    – Cuidar especialmente la primera impresión. Prepare siempre la primera lección con especial cuidado. El primer contacto con los alumnos es muy importante. Por ello, preséntese usted mismo y su asignatura con brillantez y eficacia.

    – Contestar las preguntas. Inspire confianza contestando las preguntas o reconociendo con nobleza que en ese momento ignora la respuesta o que no la recuerda. No obstante, en general, es preferible que las preguntas que interesan a un solo alumno se le contesten fuera de la hora de clase para no interrumpir en exceso el curso de la misma

    – Mantener la suficiente reserva y compostura. Ser entusiasta en su labor. Este saber estar en su puesto no debe suponer “encasillamiento”, sino al contrario, una plataforma de acción desde la cual establecer contacto para comunicarse con los alumnos. El alumno admira al maestro/instructor que sabe mantenerse con la formalidad que debe, sobre todo, durante las horas de trabajo.

    – Evitar las preferencias. Mantenga una actitud correcta, firme y cordial hacia la clase. El exceso de confianza hace que se incline el maestro/instructor hacia el más simpático, que quizá no posea otras cualidades. Esto da una deplorable impresión en el resto de los compañeros.

    – No poner en ridículo a sus alumnos. Nunca dañe la autoestima de un alumno humillándole ante los compañeros. Haga en privado la mayoría de las reprensiones. Obtendrá mejores resultados.

    – Ser puntual. El maestro/instructor debe empezar y terminar sus clases a la hora prevista. Evitará con ello molestias a los demás instructores, proporcionará a los alumnos el descanso fijado y aprovechará el tiempo disponible para la enseñanza.

    – No emplear palabras obscenas o chabacanas. El empleo de un vocabulario impropio demuestra carencia de preparación o habilidad para expresarse correctamente, dando la sensación de que se recurre a este sistema para ocultar la falta de competencia.

    – Ser capaz de hacer el trabajo que enseña y de hacerlo bien. Prepare anticipadamente la sesión; no confíe en la improvisación. No hay mejor sistema para perder la confianza de los alumnos que dar justificaciones o no saber realizar bien una cosa. Prevéngase haciendo las cosas por sí mismo antes de enseñarlas a la clase.

    – Alentar la instrucción para la acción, siempre y cuando sea posible.

    Tres consejos prácticos, solo tres.

    1. Prepararse a sí mismo.

    – Preparar una guía que indique cuándo y dónde tendrá lugar la sesión, qué alumnos serán instruidos y qué medios serán necesarios.
    – Examinar cuidadosamente el objetivo a alcanzar con cada sesión. Para ello, estudiar las condiciones de ejecución y los requisitos a alcanzar.
    – Asegurarse de que sabe ejecutar la tarea usted mismo. De lo contrario practíquela por su cuenta hasta dominarla.
    – Elegir la forma más apropiada de impartir la tarea.
    – Preparar una guía de “tiempo y actividades” que marque la actividad concreta a realizar en cada momento de la sesión.
    – Practicar la explicación previa de la tarea que dará a los alumnos.

    2. Preparar los medios.

    – Recopilar el material y equipo necesario, y asegurarse de que funciona o está operativos.
    – Buscar medios audiovisuales o similares.
    – Adecuar el lugar para impartir la sesión.

    3. Preparar a los alumnos e instruirlos.

    – Explicar a los alumnos qué es lo que se va a instruir y con qué grado de exigencia.
    – Hacer hincapié en las medidas de seguridad para evitar accidentes.
    – Si se necesitan conocimientos previos antes de abordar la sesión, hacer un repaso breve de los mismos.
    – Hacer un breve test inicial a los alumnos para hacerse una idea de los aspectos de la tarea en que debe insistir especialmente.
    – Realizar una demostración previa de lo que se pretende alcanzar.
    – Realizar evaluaciones, en función del tiempo disponible, a todos o algunos alumnos, sobre el contenido de la sesión.
    – Anotar los resultados de dicha evaluación y tenerlos en cuenta para el futuro.

    Tras lo cual solo queda disfrutar de la clase.

    Espero no haberme excedido compañero.

    Cuídense y cuiden de los suyos.

  8. Cecilio Andrade dijo:

    Así es.

    Por eso siempre recomiendo conocer a la persona, no al cv, despues de la persona va lo demás, pero siempre la persona primero.

  9. Gracias por tu comentario, brother. La cuestión es que lo más habitual es que escuches como única explicación por parte de todos esos que alardean de tener muchos de experiencia a sus espaldas el “siempre se ha hecho así”.

  10. Cecilio, tienes toda la razón.

    Y digo más, si me lo permites. Aún habiendo vivido muchas “experiencias” puede no haberse aprendido la lección. Incluso aún habiendo salido airoso de muchas no se tiene porqué saber actuar de forma eficaz, quizás se trate de un tipo con suerte. La idea es que aunque “siempre se ha hecho así” y no haya habido ningún problema no quiere decir que sea la forma correcta.

    Me animé a escribir sobre este tema porque creo que da mucho juego y está de plena actualidad.

    Estoy un poco harto de falsos profetas cuyo único argumento es ser ex- de alguna unidad de operaciones especiales o unidad de élite, haber participado en un sin fin de operaciones y misiones en el extranjero, …, pero que a la hora de la verdad no saben dar una explicación lógica y razonable.

  11. Cecilio Andrade dijo:

    Buen artículo compañero. Estoy de acuerdo en la idea y el espíritu de tus palabras.

    En mi caso suelo diferenciar y matizar con terminos veteranía y experiencia, que no son similares como tu dices, pero tambien añado la palabra “experiencias”, respecto a lo que ese profesional armado ha pasado.

    Matizo. Un profesional puede haber pasado 30 años en un trabajo lo cual le presupone una gran experiencia, presupone como tu expones, pero a lo mejor resulta que no ha tenido muchas “experiencias”, que es lo más habitual. Por otra parte, un muchacho con apenas tres o cuatro años puede haber pasado por varias “experiencias· que le han enseñado cosas que su colega veterano no puede ni imaginar.

    Esa, para mi al menos, es una de las grandes diferencia, no experiencia sinónima de veterania, si no experiencia avalada con experiencias.

    Perdona si soy un “tiquismiquis” con las palabras, pero creo que es un matiz importante y que apoya todo lo por ti plasmado.

    Respecto a la maestria, nada que pueda añadir a tus palabras.

    Cuídate y cuida de los tuyos.

  12. Caracuel dijo:

    Muy interesante el articulo mi capitan, y tiene mucha razon en esto, no por desempeñar mas tiempo una funcion se tiene que saber hacerla bien.
    Un saludo

Por favor, déjanos tus comentarios. Se agradecen.